martes, 13 de enero de 2009

El ateísmo y el temor de Dios

"Yo creo que una fe indudablemente da algo más en términos de esperanza o de ilusión, pero también da algo menos, porque yo creo que la lucidez y la conciencia de la finitud, del desencanto, permite vivir con una pasión y una responsabilidad aumentadas las vicisitudes de nuestra pequeña y única vida".

(Joseph Ratzinger, Paolo Flores d'Arcais, ¿Dios existe?, Espasa, 2008, p. 40).

Estas palabras de Paolo Flores d'Arcais en diálogo con el Cardenal Ratzinger serán suscritas por muchos de los arrogantes ateos que cada vez hablan con voz más alta y clara. D'Arcais señala lo que se pierde con la creencia, los prejuicios de creer en una cosa que no existe, de poner la esperanza en una mentira, y lo que se gana con el sano ateísmo: lucidez, conciencia de la finitud, mayor responsabilidad.

El ateísmo, así pues, no sólo sería más verdadero, sino que haría a los hombres más responsables, más realistas, menos proclives a dejar en manos de la providencia su futuro y el de sus congéneres. Este razonamiento choca con el de Ratzinger en las mismas páginas, para quien el cristianismo, a diferencia de la filosofía, no se limita a lo teórico, sino que desarrolla su papel más importante en la praxis. El cristianismo ofrece una forma de vida y esa sería su superioridad en relación con la filosofía.

Está claro que si el ateísmo no tuviera ventajas sobre la fe cristiana, sería absurdo suscribirlo. Pero, ¿por qué no decir que sus ventajas radican en el vértigo de la nada que vendrá después de la muerte? ¿En el horror de saber que el sentido depende exclusivamente de nosotros y de nuestros actos? ¿En la infinitud de la libertad? Pero estas preguntas presuponen que los ateos, igual que los temerosos de Dios, tienen inquietudes espirituales y miedo de que nadie los quiera. Lo cual no es demasiado suponer.

lunes, 12 de enero de 2009

"Manifiesto por la laicidad": el improbable muro de separación

No ha tenido mucho eco este manifiesto de Redes Cristianas, un colectivo formado por "147 grupos, comunidades y movimientos católicos de base del Estado español".

Se pueden destacar dos fragmentos.

El incial:

"Redes Cristianas, desde su doble pertenencia a la comunidad cristianocatólica y a la sociedad civil, apuesta decididamente por la independencia, respeto y colaboración entre estos dos ámbitos y aboga por un Estado laico que supere el actual confesionalismo encubierto y por una Iglesia inspirada sólo por el Evangelio y no sometida a ningún tutelaje del Estado."

"Independencia", "respeto" y "colaboración" deben regir las relaciones entre la comunidad cristianocatólica y la sociedad civil. Propone que el ámbito de actuación de la religión, o sea, el ámbito de influencia de las iglesias quede confinado a la sociedad y no escale un peldaño más hacia la política. La sociedad civil puede ser entendida como el espacio deliberativo en el que los discursos son sometidos a diversos filtrados hasta poder ser considerados buenos candidatos para actuar como justificaciones de las leyes que escribe el legislador. Lo religioso no puede actuar como justificación, de modo que las iglesias no serán políticas en la sociedad, deben ser, antes bien, evangélicas, amorosas, solidarias y atentas a los destinos de los pobres.

La laicidad que afirman es la de Jefferson, la del "wall of separation between church and state", que no permita ni el confesionalismo de Estado ni el control estatal de las confesiones. Este segundo extremo, "proteger a la religión de la política" es el que menos énfasis encuentra en el manifiesto, basta leer su exigencia de que "el funcionamiento democrático interno, la participación de las bases y la transparencia sean criterios a tener en cuenta por parte del Estado a la hora de establecer marcos de colaboración con las entidades sociales." Exigencia que tal vez sea razonable, pero que en cualquiera de los casos supone un control estatal de las religiones, un filtro, o mejor, un boquete en el muro entre religión y Estado que, como toda persona bien informada sabe, no puede ser impermeable. (Está claro que el otro par, a saber, "proteger a la política de la religión" está bien subrayado por el manifiesto, que señala los privilegios infundados de la iglesia católica como error a corregir. Algo en lo que están de acuerdo muchos cristianos y que demuestra el poder de su ideal, que los empuja a amar aquello que puede ser fuente de su destrucción apoyándose en el mensaje evangélico y su mandato de caridad.)

Las leyes deben ser laicas y lo religioso no tiene ahí lugar. Como dice el otro fragmento:

"Abogamos por mantener la autonomía de la ética en una sociedad laica en todos los ámbitos propios de una sociedad secular (en el tejido social, político, productivo, cultural, científico…), sin necesidad de acudir a motivaciones religiosas para legitimarla. Y, en consecuencia, denunciamos las presiones de la jerarquía católica para imponer su moral sobre la ética pública."

"Autonomía de la ética". Sorprendente expresión que en la frase se contrapone a las "motivaciones religiosas", de lo que cabe concluir que la ética se independiza de lo religioso. Una ética sin fundamentos religiosos es ciertamente posible, pero vamos muy descaminados si queremos decir con ello que el sermón de la montaña no está tan bien ni es tan importante. No sólo hay una raíz religiosa en gran parte de nuestras intuiciones morales básicas (extremo que supongo que no necesita ulteriores justificaciones), sino que también hay que pensar en las cargas extra de tolerancia que deberán soportar los que vean sus vidas en términos tan usuales y extendidos como los de millones de cristianos en el mundo. Tal vez eso sea lo más justo, pero una laicidad entendida en términos tan poco moderados es siempre una laicidad de control estatal de las religiones, lo cual, tal y como está el panorama, sólo puede ser programa político para los resentidos y los turistas del ideal.

viernes, 9 de enero de 2009

Spain isn’t Catholic

Lo dijo Azaña en un memorable discurso cuando se debatían los artículos sobre la libertad religiosa de la Constitución de 1931 y lo repite ahora, con adverbios demasiado contundentes para ser creíbles, José María Contreras Mazarío, catedrático de derecho eclesiástico y director general de Asuntos Religiosos: “Spain isn’t Catholic theoretically, culturally or politically”.

Está claro que España ni es ni debe ser católica "políticamente", pero negar su raíz cultural católica supone desatender los hechos. Sin embargo, está bien que así lo enuncie alguien con un cargo de responsabilidad, pues la cultura no puede ser sólo el pasado, sino también el presente y el futuro. Y en el presente España no es católica, sino una monarquía constitucional con libertad religiosa y con una población que utiliza las iglesias católicas para los ritos de paso y para aprovechar su inigualable escenografía y versatilidad ritual.

Este dato no debe preocupar a los católicos, pues se mantienen en vigor los acuerdos con el Vaticano (el mal llamado concordato). Ni siquiera les debe preocupar la reforma de la ley de libertades religiosas. Otra cosa es la jerarquía católica, que concibe su papel en términos estratégicos y de negociación, y que ve en el reconocimiento de otras religiones una pérdida de privilegios y una amenaza a su supervivencia.

jueves, 8 de enero de 2009

Santa inocencia de los ateos

Los periódicos se hacen eco, como dicen ellos mismos, del mensaje que dentro de unas semanas portarán algunos autobuses en Barcelona y Madrid, siguiendo una iniciativa inglesa: "Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta la vida".

Así reza el mensaje que la Unión de Ateos y Librepensadores (UAL) ha copiado de los ingleses. La primera frase está claramente inspirada en el pensamiento de Richard Dawkins, cuyo ateísmo se basa en la improbabilidad de la hipótesis de Dios. Hasta ahí, bien. Lo que no se entiende es la continuación. ¿Quién se preocupa? ¿Quién no disfruta de la vida? La ventaja de los ateos no es que ellos vivan más tranquilos. En realidad, ser ateo o católico o sunita no supone ventaja alguna. Lo que unos llaman "temor de Dios" otros lo llamarán "temor de la maldad humana" y así cada cual. Los anhelos de unos y otros se pueden traducir a universales humanos compartidos por todos. Universales como el amor o el temor.

Pero si los ateos, vanidosos y altivos, quieren hacer declaración de superioridad intelectual y moral, allá ellos. A fin de cuentas, vivimos en un país libre y los ateos tienen (no es necesario decirlo) el derecho a usar las mismas maniobras que los católicos o los pericos para atraer al rebaño.

Pero, repito, si de lo que se trata es que dejemos de preocuparnos, ya se pueden inventar otro eslogan. El problema no es evitar las preocupaciones sino encontrar consuelo a las que efectivamente tenemos. Consuélese cada cual con lo que tenga a mano, sus amigos, su cruz, su fe, su placebo, su idiotez, su dinero, sus cócteles, o sus mentiras, y que no vengan los listillos de turno a decirnos que eso son apariencias y que la realidad, ay, es otra. O que vengan, si quieren, pero que no se quejen si se los refuta, ridiculiza, insulta o ignora, pues ni siquiera ellos tienen el monopolio de la verdad.

miércoles, 7 de enero de 2009

Islam en la escuela: magnanimidad bien entendida

La mayoría de las discusiones son fruto de la ignorancia. El desconocimiento de algún dato relevante hace que las discusiones sean estériles y que nos enzarcemos en palabras y más palabras, sin que estas palabras tengan reflejo en la realidad.

Un caso palmario es el del conocimiento jurídico. ¿Qué leyes afectan a qué asuntos? En muchas ocasiones nos ahorraríamos tiempo y saliva si previamente nos informáramos sobre la realidad jurídica. Pongamos el caso de la ley 26/1992 por la que se aprobó el Acuerdo de Cooperación del Estado con la Comisión Islámica de España. En su artículo 10 leemos:

"1. A fin de dar efectividad a lo dispuesto en el artículo 27.3 de la Constitución, así como en la Ley Orgánica 8/1985, de 3 de julio, Reguladora del Derecho a la Educación, y en la Ley Orgánica 1/1990, de 3 de octubre, de Ordenación General del Sistema Educativo, se garantiza a los alumnos musulmanes, a sus padres y a los órganos escolares de gobierno que lo soliciten, el ejercicio del derecho de los primeros a recibir enseñanza religiosa islámica en los centros docentes públicos y privados concertados, siempre que, en cuanto a estos últimos, el ejercicio de aquel derecho no entre en contradicción con el carácter propio del centro, en los niveles de educación infantil, educación primaria y educación secundaria.

2. La enseñanza religiosa islámica será impartida por profesores designados por las Comunidades pertenecientes a la Comisión Islámica de España, con la conformidad de la Federación a que pertenezcan.

3. Los contenidos de la enseñanza religiosa islámica, así como los libros de texto relativos a la misma, serán proporcionados por las Comunidades respectivas, con la conformidad de la Comisión Islámica de España.

4. Los centros docentes públicos y los privados concertados a que se hace referencia en el número 1 de este artículo, deberán facilitar los locales adecuados para el ejercicio del derecho que en este artículo se regula, sin que pueda perjudicar el desenvolvimiento de las actividades lectivas.

5. La Comisión Islámica de España, así como sus Comunidades miembros, podrán organizar cursos de enseñanza religiosa en los centros universitarios públicos, pudiendo utilizar los locales y medios de los mismos, de acuerdo con las autoridades académicas.

6. La Comisión Islámica de España, así como las Comunidades pertenecientes a la misma, podrán establecer y dirigir centros docentes de los niveles educativos que se mencionan en el número 1 de este artículo, así como Universidades y Centros de Formación Islámica, con sometimiento a la legislación general vigente en la materia."

Esto es un dato jurídico. Un hecho que debe ser tomado en consideración cuando se habla de los musulmanes y la escuela en España. Su carácter positivo nos obliga a contemplarlo si queremos entender alguna cosa. Hay que decir, al mismo tiempo, que no estamos obligados a analizar exclusivamente la ley en sus propios términos normativos. Lo cierto es (o debería ser) lo contrario, a saber, estamos obligados, si queremos ser mínimamente radicales, a cuestionar la validez de una norma semejante que puede ser vista como un fruto podrido de la coyuntura política de turno.

Sin embargo, no siempre es necesario vestirse de radical de salón y enunciar lunáticas teorías que no sirven más que para lograr que todos los europeos sepan pronunciar tu horrible apellido medio húngaro. A veces basta con mirar lo que hay. Leyes, en este caso, que pretenden garantizar el ejercicio de un derecho constitucional. Leyes que se intentan adecuar a la desaparición de la homogeneidad que las creó, un proceso normativo guiado por concepciones sólidas de libertad, igualdad y justicia social. Leyes que desarrollan principios, convicciones, buena voluntad.

Naturalmente, estas leyes han sido también negociadas con una entidad de perfiles poco definidos y cuya representatividad no es buena moneda de cambio, la Comisión Islámica de España. Hay un juego de poder y un gesto magnánimo por parte del legislador, pero no hay nada malo en ello. El que ve magnanimidad en la concesión de derechos es porque tiene espíritu de esclavo que sólo sabe recibir de rodillas. (Estoy pensando en la "ética" (jua, jua, jua) del sindicalista).

Rezad por nosotros

Sólo si nos mantenemos en la frialdad analítica podemos permitirnos la altivez de hablar de este texto como si nos fuera ajeno:

"Ich habe am 9. Juli 2007 die niederschmetternde Diagnose "Bösartiger-Brustkrebs" erhalten. Wurde danach brusterhaltend 2x operiert, da Micrometastasen in einem Lymphknoten gefunden wurden. Habe in den vergangenen zwangig Wochen Zehn Chemotherapien erhalten. Und Zwei Therapien, sowie ein Monat Bestrahlungen liegen noch vor mir. Obwohl ich seit 1993 den Herrn Jesus als persönlichen Erlöser kennen darf, ist das Ganze an manchen Tagen wie ein Albtraum. Bitte betet, das Gott durch meine Erkrankung verherrlicht wird und das keine Langzeitschäden durch die Chemo an Leib, Seele und Geist entstehen. Danke, der Herr segne euch liebe Glaubensgeschwister! Edith"

En el texto, sacado de una página cristiana en la que la gente puede enviar sus oraciones para compartirlas con otros creyentes, una señora explica su contienda terapéutica y medicalizada con un cáncer desde el verano del 2007, y dice que, a pesar de que le ha sido permitido conocer a Dios como "redentor personal", la vida le parece una pesadilla. Concluye animando a los fieles a rezar para que "Dios sea glorificado por mi enfermedad y para que no queden secuelas de la quimioterapia en el cuerpo, el alma o el espíritu".

Los hay, osados, que dicen que la confianza que la mujer pone en la terapia medicalizada se compadece mal con su fe en el Señor. Puede ser que, en última instancia, se pueda exigir que los responsables políticos no se arrodillen para tomar sus decisiones, sino que las tomen de pie, como caballeros y buenos hombres. Pero eso no tiene nada que ver con la llaga que vemos supurar en la oración. Una llaga que quien más quien menos tiene en alguna parte de su cuerpo, alma o espíritu. En la oración se comparte el dolor. Gracias a internet podemos identificarnos con el dolor de los pequeños burgueses alemanes o franceses. El anhelo es el mismo en todas partes. Lo religioso no es más que una forma organizada de expresar el anhelo y de compartirlo. En términos políticos, lo que importa es el vínculo horizontal de la religión. Del vertical se puede prescindir, pues ese no es competencia más que de los miembros del club en concreto. Lo que sí que se debe reconocer políticamente, es que la gente sufre y busca consuelo, y que ya sea en grandes religiones organizadas o en otra forma de cultos, los ciudadanos buscan consuelo y lo encuentran. O sea, que nada humano nos es ajeno y que lo que se comprende, se...

sábado, 3 de enero de 2009

Contra el género

Hace unas semanas la ONU adoptó una declaración que no ha recibido aún el apoyo de muchos países y que, vistas las críticas recibidas, no hay motivos para augurarle un futuro prometedor. Se trata de la declaración sobre la orientación sexual y la identidad de género, una iniciativa francesa y holandesa a la que aún no se han adherido los Estados Unidos ni Rusia. La declaración se centra en las discriminaciones por motivos de género o de orientación sexual. Desde el Vaticano han mostrado su preocupación, pues consideran que semejante declaración da por buena la, así llamada, "ideología de género", la cual, además, dicen, no tiene una definición jurídica exacta en las leyes existentes.

¿Es necesario que las leyes reconozcan el género? ¿Qué hay que entender por género? Cabe suponer que la ideología de género es aquella promovida por discursos más o menos postmodernos, como el de Judith Butler, según los cuales la determinación sexual basada exclusivamente en rasgos físicos no rinde cuentas de las diversas maneras de vivir la propia sexualidad de algunas personas. La presencia de determinados órganos sexuales no puede ser considerado el único criterio para asignar la sexualidad de los individuos, sino que la decisión acerca de la propia sexualidad queda en manos de cada cual, respetándose así el principio de autonomía. La "ideología de género" no supone una renuncia total a la naturaleza, o cuando menos no es esa la clave en que debe ser leída. Lo que persigue es reducir la presión de la mayoría, de lo "normal" sobre los individuos. Es un movimiento más de reconocimiento de lo minoritario, una estrategia para legitimar el núcleo normativo de las instituciones. Y, como dice aquel, bien está.