En la Constitución de Ecuador que, por lo visto, aprobaron los ecuatorianos en el referéndum de ayer se lee en su artículo 3.4 que uno de los deberes principales del Estado es "garantizar la ética laica como sustento del quehacer público y el ordenamiento jurídico."
Si se le pregunta a un constitucionalista europeo qué piensa de esta constitución, lo normal es oír comentarios condescendientes. Basta ver la enorme lista de garantías constitucionales para darse cuenta de que no hay manera de desarrollarlas y de que la jurisprudencia constitucional sólo puede convertirse en un inmenso galimatías. Pero, con todo y con ello, la prolijidad de los derechos o la referencia a algo tan improbable como una "ética laica" que sea nada más y nada menos que el sustento del ordenamiento jurídico, ilustran sobre la necesidad de dejar las cosas atadas por el pueblo de modo que los jueces no dispongan de espacio de maniobra.
Pero cuando se concreta tanto se incurren en contradicciones, como la que se da entre esa inefable "ética laica" y la afirmación en los artículos 68 y 69 en los que se dice que el único matrimonio es el que se da entre hombre y mujer y que las parejas formadas por personas del mismo sexo no pueden adoptar. Desde una ética laica que sea el fundamento del ordenamiento jurídico, semejantes restricciones no son defendibles (ni necesariamente tampoco rechazables). Pero uno diría que en Ecuador no están para los matices en los que se regodea el decadente Occidente. Y perdón por el tono colonialista.
lunes, 29 de septiembre de 2008
martes, 23 de septiembre de 2008
Hacer tangible lo intangible
El Pew Research Center sostiene, sobre la base de pormenorizadas encuestas que los estadounidenses mantienen dudas sobre la conveniencia de que las instituciones del Estado subvencionen a los Faith-based groups:
"Since early 2001, when the Bush administration first established a White House office to expand the role of religious organizations in providing social services, there have been clear divisions in public attitudes toward faith-based initiatives. The public has continuously supported the principle of allowing houses of worship, along with other organizations, to apply for federal funds to provide social services.
But there remains substantial opposition to the prospect of certain religious groups, notably Muslim mosques, taking on such a role. And the public overwhelmingly continues to reject the idea of groups that encourage religious conversion applying for federal funding to provide social services."
El problema no son las iglesias en general, sino en especial las mezquitas y los grupos que persiguen la conversión religiosa. Las prevenciones de los ciudadanos son normales, pues las religiones que trabajan para la conversión de la sociedad constituyen un peligro potencial (y normalmente imaginario, pero no por eso menos intenso) de acabar con la identidad nacional. No es extraño, pues, que, en cambio, se muestren más condescendientes con las iniciativas de las iglesias que, dada la pluralidad religiosa del país, no han aspirado nunca a convertir a sus conciudadanos, sino a mantener unida a su congregación.
Debe quedar claro que las ayudas no van destinadas a asuntos religiosos, sino a programas seculares o sociales como el combate contra la drogadicción o el apoyo a los pobres. Las iglesias son, así, un suplemento del Estado, prestando servicios ahí donde las instituciones del Estado no llegan. De modo que las ayudas, así como las exenciones fiscales que disfrutan las asociaciones religiosas, no están motivadas por la oferta de esperanza que supuestamente ofrecen (como dice Sarkozy), sino por algo mucho más tangible: el servicio social. Ahí radican las ventajas del sistema estadounidense de separación Estado/iglesias, en que los canales de contacto entre ambos sólo se dan ahí donde lo intangible (la esperanza) se hace tangible (el servicio).
"Since early 2001, when the Bush administration first established a White House office to expand the role of religious organizations in providing social services, there have been clear divisions in public attitudes toward faith-based initiatives. The public has continuously supported the principle of allowing houses of worship, along with other organizations, to apply for federal funds to provide social services.
But there remains substantial opposition to the prospect of certain religious groups, notably Muslim mosques, taking on such a role. And the public overwhelmingly continues to reject the idea of groups that encourage religious conversion applying for federal funding to provide social services."
El problema no son las iglesias en general, sino en especial las mezquitas y los grupos que persiguen la conversión religiosa. Las prevenciones de los ciudadanos son normales, pues las religiones que trabajan para la conversión de la sociedad constituyen un peligro potencial (y normalmente imaginario, pero no por eso menos intenso) de acabar con la identidad nacional. No es extraño, pues, que, en cambio, se muestren más condescendientes con las iniciativas de las iglesias que, dada la pluralidad religiosa del país, no han aspirado nunca a convertir a sus conciudadanos, sino a mantener unida a su congregación.
Debe quedar claro que las ayudas no van destinadas a asuntos religiosos, sino a programas seculares o sociales como el combate contra la drogadicción o el apoyo a los pobres. Las iglesias son, así, un suplemento del Estado, prestando servicios ahí donde las instituciones del Estado no llegan. De modo que las ayudas, así como las exenciones fiscales que disfrutan las asociaciones religiosas, no están motivadas por la oferta de esperanza que supuestamente ofrecen (como dice Sarkozy), sino por algo mucho más tangible: el servicio social. Ahí radican las ventajas del sistema estadounidense de separación Estado/iglesias, en que los canales de contacto entre ambos sólo se dan ahí donde lo intangible (la esperanza) se hace tangible (el servicio).
lunes, 22 de septiembre de 2008
Deliberación entre razones seculares y religiosas
En su conferencia de 2001, Creer y saber, Habermas escribe:
"La frontera entre razones seculares y razones religiosas es, sin duda, fluida. De ahí que la determinación de esta frontera siempre discutida deba entenderse como una tarea cooperativa que exige que ambas partes adopten respectivamente la perspectiva de la otra".
En estricta observancia de los principios de la teoría comunicativa, Habermas sostiene que la deliberación pública requiere la capacidad de los interlocutores de cuestionarse sus propias convicciones y observarlas desde el punto de vista de los que no las comparten. Nadie debe enrocarse en sus posiciones ni desestimar las de los otros simplemente porque vienen de quien vienen. Pero, ¿quién son los interlocutores reales? Las facciones políticas o los grupos organizados no son buenos ejemplos, pues no persiguen tanto el entendimiento como la defensa de los intereses propios. Despolitizar la arena pública es, así pues, una necesidad. Despolitizarla no significa dejar la política para los políticos, como decía el Caudillo, sino acabar con el monopolio de las voces con poder y devolvérselo a los verdaderos depositarios de la soberanía democrática, o sea, a los ciudadanos. Este es el atractivo de la democracia deliberativa que podría dejar de ser un ideal teórico y pasar a la práctica si los periodistas y sus jefes dejaran de limitarse a ser transmisores de la voluntad hegemónica de políticos, obispos y empresarios.
"La frontera entre razones seculares y razones religiosas es, sin duda, fluida. De ahí que la determinación de esta frontera siempre discutida deba entenderse como una tarea cooperativa que exige que ambas partes adopten respectivamente la perspectiva de la otra".
En estricta observancia de los principios de la teoría comunicativa, Habermas sostiene que la deliberación pública requiere la capacidad de los interlocutores de cuestionarse sus propias convicciones y observarlas desde el punto de vista de los que no las comparten. Nadie debe enrocarse en sus posiciones ni desestimar las de los otros simplemente porque vienen de quien vienen. Pero, ¿quién son los interlocutores reales? Las facciones políticas o los grupos organizados no son buenos ejemplos, pues no persiguen tanto el entendimiento como la defensa de los intereses propios. Despolitizar la arena pública es, así pues, una necesidad. Despolitizarla no significa dejar la política para los políticos, como decía el Caudillo, sino acabar con el monopolio de las voces con poder y devolvérselo a los verdaderos depositarios de la soberanía democrática, o sea, a los ciudadanos. Este es el atractivo de la democracia deliberativa que podría dejar de ser un ideal teórico y pasar a la práctica si los periodistas y sus jefes dejaran de limitarse a ser transmisores de la voluntad hegemónica de políticos, obispos y empresarios.
sábado, 20 de septiembre de 2008
Porosidad Estado/iglesias
En un discurso en Zanesville (OH), Obama explica cómo piensa regular las relaciones entre la administración y los grupos de orientación religiosa (Faith-based groups). Esta colaboración la inició Clinton, y Bush persistió, pero introdujo algunos cambios acordes con su orientación, según los cuales estas organizaciones pueden discriminar religiosamente a sus trabajadores. Los Faith-based groups reciben dinero del Estado para encargarse de ayudar a la gente, esto es, con fines seculares, no religiosos, pero con Bush consiguieron que, a pesar de que las subvenciones que reciben son estatales, les permitieran elegir a sus colaboradores en función de su orientación religiosa.
En su discurso (que he encontrado gracias a gaudi, buscando el término "faith"), Obama propone unas nuevas bases de colaboración con las iniciativas religiosas que se atengan a los límites legales constitucionales:
"Sé que la constitución establece una separación entre el Estado y la iglesia, pero no creo que esta separación se vea amenazada por la colaboración con grupos de orientación religiosa siempre y cuando se respeten los siguientes principios:
1. Si se recibe dinero federal no se puede discriminar ni a los receptores de la ayuda ni a las personas que se contraten para llevarla a cabo.
2. Las ayudas federales a las iglesias, templos, mezquitas o sinagogas sólo se pueden usar para programas seculares.
3. Garantizaremos que sólo recibirán ayudas los programas que tengan resultados efectivos."
El régimen de separación estadounidense se concreta en una sociedad no tan secularizada como la Europea y justamente por ello se halla bajo un atento escrutinio público, pues son diversas las confesiones que desean recibir ayudas o un trato de favor a través de los resquicios que presenta el muro de separación. En todo caso, estos resquicios siempre tienen una motivación económica, bien sean ayudas destinadas a fines muy concretos (nunca a fines propiamente religiosos), bien sean exenciones fiscales para las iglesias siempre y cuando no utilicen luego su poder para influir de manera ostensiva en la vida política del país.
Frente a tantos discursos sobre la esperanza, las raíces cristianas y la búsqueda de sentido, frente a tanta discusión sobre la laicidad sana, abierta, positiva, justa, excluyente, etc., el modelo americano ofrece claridad. La claridad del dinero.
En su discurso (que he encontrado gracias a gaudi, buscando el término "faith"), Obama propone unas nuevas bases de colaboración con las iniciativas religiosas que se atengan a los límites legales constitucionales:
"Sé que la constitución establece una separación entre el Estado y la iglesia, pero no creo que esta separación se vea amenazada por la colaboración con grupos de orientación religiosa siempre y cuando se respeten los siguientes principios:
1. Si se recibe dinero federal no se puede discriminar ni a los receptores de la ayuda ni a las personas que se contraten para llevarla a cabo.
2. Las ayudas federales a las iglesias, templos, mezquitas o sinagogas sólo se pueden usar para programas seculares.
3. Garantizaremos que sólo recibirán ayudas los programas que tengan resultados efectivos."
El régimen de separación estadounidense se concreta en una sociedad no tan secularizada como la Europea y justamente por ello se halla bajo un atento escrutinio público, pues son diversas las confesiones que desean recibir ayudas o un trato de favor a través de los resquicios que presenta el muro de separación. En todo caso, estos resquicios siempre tienen una motivación económica, bien sean ayudas destinadas a fines muy concretos (nunca a fines propiamente religiosos), bien sean exenciones fiscales para las iglesias siempre y cuando no utilicen luego su poder para influir de manera ostensiva en la vida política del país.
Frente a tantos discursos sobre la esperanza, las raíces cristianas y la búsqueda de sentido, frente a tanta discusión sobre la laicidad sana, abierta, positiva, justa, excluyente, etc., el modelo americano ofrece claridad. La claridad del dinero.
Obispos haciendo política
Los obispos de Madrid, Alcalá de Henares y Getafe han enviado una instrucción pastoral a los colegios católicos de Madrid en la que dictan normas sobre cómo deben informar a los padres acerca de la objeción a "Educación para la ciudadanía".
No se halla en ella ningún argumento que justifique la objeción. Simplemente dicen que lo que ahí se enseña (relativismo moral (sic) e ideología de género) va en contra de "la doctrina social de la iglesia y el verdadero humanismo". Primero habría que ver si efectivamente se promueve el relativismo moral (yo diría que no) y la ideología de género (es posible, pero no está claro que sea una ideología sesgada ni no acorde con los principios constitucionales). En caso de que así fuera, se debería demostrar si ambas cosas vulneran el principio de neutralidad de las instituciones del Estado, y si no lo vulneraran los obispos deberían decir qué hay de malo en esas doctrinas. Si efectivamente los contenidos de la asignatura van en contra de algunos principios cristianos, ¿no pasan a ser esos principios (tal y como los interpretan los obispos) los que deben ser cuestionados?
Pero leer atentamente esta instrucción es perder el tiempo, pues es pura demagogia. Lo que están haciendo estos señores es política: apoyar a la oposición, enrarecer el ambiente, incitar a la objeción sin explicar por qué. Si tuvieran que justificarse tendrían un problema, de modo que prefieren decir que va en contra de sus principios y que por tanto la honorable objeción de conciencia está legitimada.
No se halla en ella ningún argumento que justifique la objeción. Simplemente dicen que lo que ahí se enseña (relativismo moral (sic) e ideología de género) va en contra de "la doctrina social de la iglesia y el verdadero humanismo". Primero habría que ver si efectivamente se promueve el relativismo moral (yo diría que no) y la ideología de género (es posible, pero no está claro que sea una ideología sesgada ni no acorde con los principios constitucionales). En caso de que así fuera, se debería demostrar si ambas cosas vulneran el principio de neutralidad de las instituciones del Estado, y si no lo vulneraran los obispos deberían decir qué hay de malo en esas doctrinas. Si efectivamente los contenidos de la asignatura van en contra de algunos principios cristianos, ¿no pasan a ser esos principios (tal y como los interpretan los obispos) los que deben ser cuestionados?
Pero leer atentamente esta instrucción es perder el tiempo, pues es pura demagogia. Lo que están haciendo estos señores es política: apoyar a la oposición, enrarecer el ambiente, incitar a la objeción sin explicar por qué. Si tuvieran que justificarse tendrían un problema, de modo que prefieren decir que va en contra de sus principios y que por tanto la honorable objeción de conciencia está legitimada.
viernes, 19 de septiembre de 2008
Laicidad malinterpretada
"Autentica laicità non è pertanto prescindere dalla dimensione spirituale, ma riconoscere che proprio questa, radicalmente, è garante della nostra libertà."
Esto y otras cosas dijo el miércoles Benedicto XVI hablando de su viaje a Francia. Viene a decir que la dimensión espiritual es la garantía de nuestra libertad y que en eso consiste la laicidad. La reformulación es hábil pero no se atiene a lo que en realidad es la laicidad, a saber, la libertad para que cada cual decida si su libertad se halla en la dimensión espiritual (como también creía Kant) o bien en la dimensión carnal. Efectivamente, la laicidad no prescinde de la dimensión espiritual, pero tampoco la toma en consideración, simplemente se muestra neutra frente a las diversas formas en que los ciudadanos entienden la libertad.
Pero, claro está que la amabilidad de Sarkozy y la aparente cercanía entre su discurso y el del Papa suscitan luego estas interpretaciones que borran las diferencias entre la laicidad y la confesionalidad en nombre de una laicidad positiva que, si bien reconoce las necesidades espirituales de quien las tenga, no debe definir en qué consisten esas necesidades ni legislar en su nombre.
Esto y otras cosas dijo el miércoles Benedicto XVI hablando de su viaje a Francia. Viene a decir que la dimensión espiritual es la garantía de nuestra libertad y que en eso consiste la laicidad. La reformulación es hábil pero no se atiene a lo que en realidad es la laicidad, a saber, la libertad para que cada cual decida si su libertad se halla en la dimensión espiritual (como también creía Kant) o bien en la dimensión carnal. Efectivamente, la laicidad no prescinde de la dimensión espiritual, pero tampoco la toma en consideración, simplemente se muestra neutra frente a las diversas formas en que los ciudadanos entienden la libertad.
Pero, claro está que la amabilidad de Sarkozy y la aparente cercanía entre su discurso y el del Papa suscitan luego estas interpretaciones que borran las diferencias entre la laicidad y la confesionalidad en nombre de una laicidad positiva que, si bien reconoce las necesidades espirituales de quien las tenga, no debe definir en qué consisten esas necesidades ni legislar en su nombre.
jueves, 18 de septiembre de 2008
Creacionismo en las aulas
Resulta absurdo enseñar el creacionismo en las aulas. En cambio, discutir sobre el creacionismo no es una idea estúpida. Lo decía Mill muy claro: para que una verdad mantenga su valor debe ponerse a prueba tantas veces como sea posible. Y qué mejor para el darwinismo que discutir con la "teoría" creacionista.
Esto a propósito de las críticas a Michael Reiss con motivo de unas declaraciones que se le atribuyen. Según los periodistas, Reiss, pastor de la iglesia anglicana y miembro de la Royal Academy, había propuesto que se discutiera el creacionismo en las clases de biología. No parece una mala idea, pero los científicos británicos se han rasgado las vestiduras con el engañoso pretexto de la slippery slope. La noticia está aquí.
Reiss finalmente ha dimitido y con él ha desaparecido la oportunidad de introducir a los alumnos en los rudimentos de la epistemología y en las virtudes del debate basado en los mejores argumentos (en este caso, los del darwinismo).
Esto a propósito de las críticas a Michael Reiss con motivo de unas declaraciones que se le atribuyen. Según los periodistas, Reiss, pastor de la iglesia anglicana y miembro de la Royal Academy, había propuesto que se discutiera el creacionismo en las clases de biología. No parece una mala idea, pero los científicos británicos se han rasgado las vestiduras con el engañoso pretexto de la slippery slope. La noticia está aquí.
Reiss finalmente ha dimitido y con él ha desaparecido la oportunidad de introducir a los alumnos en los rudimentos de la epistemología y en las virtudes del debate basado en los mejores argumentos (en este caso, los del darwinismo).
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