jueves, 21 de enero de 2010

Cosas desnaturalizadas

Cosas que se leen en una página del Osservatore Romano (13 de enero de 2010):

Sarkozy sobre el velo: "No es un problema religioso, sino de libertad y dignidad de la mujer, pues el burka no es un signo religioso, sino de servilismo y humillación".

El arzobispo de Ciudad de México sobre las uniones entre personas del mismo sexo: "Noi, pastori del popolo di Dio, non possiamo obbedire prima agli uomini e alle loro leggi piutosto che a Dio e alla sua suprema legge; tutte le leggi umane che si contrappongo alla Sua legge sono quindi immorali e perverse, perché andare contro la Sua volontà porta la società al degrado morale e alla rovina".

Según obispo de Viseu, en Portugal, el matrimonio homosexual es una desnaturalización de una institución fundamental y "significa desnaturalizar la sociedad".




sábado, 9 de enero de 2010

Este producto puede contener trazas de ideología

El diario danés Politiken comenta que la, así llamada, crisis de las caricaturas de Mahoma ha salido cara. Desde que se produjeran las amenazas a los dibujantes, en especial a Kurt Westergaard, y a la redacción del Jyllands Posten, la policía ha dedicado muchos recursos a la investigación antiterrorista, y se calcula que los guardaespaldas de Westergaard van a costar 20 millones de coronas al año, algo así como 2,6 millones de euros.

Una información relevante en la medida en que se aclaren las causas de este gasto. No se puede usar la cifra para hacer demagogia, para rasgarse las vestiduras para deshonrar a los que cuestionan el valor incondicional de la libertad de expresión. Pero los periódicos la repiten insistentemente, y con ello trazan una línea entre los que están dispuestos a pensar que desde un punto de vista consecuencialista la publicación de las viñetas no era deseable, de una parte, y los que defienden la libertad de expresión por principio y consideran que ningún precio es lo bastante alto, de la otra.

Uno de los debates actuales en Dinamarca tiene como protagonista a la Sociedad por la libertad de prensa, al parecer vinculada al Dansk Folkeparti, algo así como la versión danesa del populismo del tal Anglada en Vic. Pero con muchos más votos, eso sí. Los críticos de esta sociedad sostienen que más que defender la libertad de expresión, lo que hacen es promover la islamofobia. Y que si tan preocupados están por la libertad, por qué entonces no defienden a los musulmanes que pueden perder su libertad de pasearse burkados por las calles de Aarhus.

Uno se pregunta si es posible deshacer estas discusiones desde una perspectiva filosófica sin perder de vista los efectos periodísticos de toda reflexión sobre los debates sociales. O tal vez se trata únicamente de adoptar una postura concreta y apechugar con las consecuencias. Argumentando con el olfato, persiguiendo una finalidad como si nada mejor hubiera que enredarse a discutir con el prójimo.

Si se busca una solución lo que no hay que hacer jamás es pensar con el ombligo. No hay que defender estilizadamente una determinada forma de vida, de vida buena, claro está (como hacen muchos que creen que la escritura se basa primordialmente en un yo fuerte y pagado de sí mismo). Mejor pensar en términos de justicia. Limpios de ideología.

viernes, 8 de enero de 2010

Espacio público no identitario

Algunos se muestran favorables a la prohibición de la burka en el espacio público, como se propone en Francia. Lo consideran un signo de violencia: "No es un símbolo de la violencia. es la violencia misma. De la que es perfectamente legítimo defenderse". Parece entonces que la ley que prohíbe que alguien vaya completamente tapado por la calle, que oculte el rostro en el que centramos la identidad, es una amenaza de la que hay que defenderse. No está claro, sin embargo, de qué tipo de amenaza o violencia estamos hablando: ¿la que se hace contra las mujeres que se ven presuntamente obligadas a llevar esa prenda o la que se puede ejercer cuando no se va a cara descubierta? Dicho en otras palabras: ¿es una cuestión de seguridad o de libertad religiosa?

Los expertos en derecho eclesiástico y también los representantes de las grandes religiones quisieran que se tratara de una cuestión de libertad religiosa, como si el núcleo de toda limitación de las libertades individuales debiera ser enfocada desde la perspectiva de los que ven limitada su libertad justamente a causa de su religión. Destaca el hecho de que la cuestión se ha planteado en el seno de un debate sobre la identidad nacional francesa, debate que se ha centrado en gran parte en la inmigración con todo el revuelo de imaginarios o espacios mentales que se dan en estos casos. El espacio público de la república no puede ser objeto de dominaciones ilegítimas, a él los ciudadanos deben poder acudir sin que se den limitaciones a su libertad; y en el caso de que crean acudir libremente cubiertos, entonces habrá que enseñarles que eso no es un acto libre o, más aún, que ese acto atenta contra la libertad de los demás y, por añadidura, con la del propio espacio público.

Identidad y espacio público: se diría que son palabras antitéticas. Ni identidades individuales o comunitarias, ni una identidad compartida. Ciudadanos que discuten libremente, que aceptan unas reglas previas, y que viven sin preocupación alguna en el anonimato de las caras descubiertas.

Equilibrio religioso

Según el Pew Forum (seria institución preocupada, igual que el Vaticano, por la salud de la libertad religiosa en el mundo), en Hawai el 55 % de los ciudadanos consideran que la religión es muy importante en sus vidas. La media estadounidense es del 56 %.

El dato tiene interés si se piensa que el actual presidente es de ahí. Obama representa tanto al 56% como al 44% restante. Sus invocaciones suenan religiosas y en sus discursos cita a Dios más que Bush (para quien, claro está, se trataba de un significante implícito en cada una de sus palabras y decisiones). Al mismo tiempo, Obama tiene una apariencia laica, respetuosa, dialogante. Apariencia y realidad no son palabras muy útiles en política, como lo demuestra que en ella la demagogia es la regla. Dos lenguas, dos propagandas, dos estrategias, dos cosas importantes; una forma de poder.

Este bilingüismo o viperinismo de Obama es connatural a su contexto, el cual ve atenuada su influencia política gracias a la laicidad constitucional que preside la administración de justicia. Laicidad que, claro está, no es arreligiosa, pero tampoco antirreligiosa, como quisieran los laicistas de combate o los de Mississippi.

jueves, 7 de enero de 2010

Desguace del alma

En la esquina de Buenos Aires con Urgel alguien ha dejado un par de bolsas llenas de libros entre dos contenedores. Cojo uno encuadernado en amarillo: A mi manera, de Orwell en una edición de Destino del 76. Una recopilación de lúcidos artículos de prensa. Destaco esta cita en un texto publicado el 21 de marzo de 1940 bajo el título: "Mein Kampf", por Adolf Hitler.

"Mientras que el socialismo, y aún el capitalismo de un modo más remiso, les han dicho al pueblo "Te ofrezco que lo pases bien", Hitler le dice al suyo "Te ofrezco lucha, peligro y muerte", y el resultado es que la nación entera se arroja a sus pies. Quizá lleguen a cansarse y cambien de idea como al final de la guerra europea anterior. Después de unos años de matanzas y hambre "La mayor felicidad para el mayor número" es un buen slogan, pero en estos momentos "Más vale un final horrible que un horror sin fin" es un acierto para llevarse a la gente hacia delante. Ahora que estamos luchando contra el hombre que acuñó esta frase, no deberíamos quitarle importancia al atractivo emocional de ésta".

"Más vale un final horrible que un horror sin fin": la dulce tentación de no vivir.

martes, 22 de diciembre de 2009

Es una experiencia religiosa

Lo decía aquel muchacho y a buen seguro que también lo dirían muchos de mis conciudadanos con motivo del pleno al 6 conseguido por otros muchachos de la ciudad, "es una experiencia religiosa", o más precisamente, "es casi una experiencia religiosa".

Sea como sea, el criterio para determinar si una experiencia es religiosa o no depende exclusivamente del sujeto que la experimenta. Así son las cosas en la modernidad. Y esto ha llevado a que, como ha constatado el Pew Forum, en los últimos cincuenta años haya aumentado considerablemente el número de personas que afirman haber tenido una experiencia religiosa o mística. Mientras que en 1962 sólo el 22% de los estadounidense creía haber tenido una experiencia de ese tipo, ahora es el 49%. La mitad de los estadounidenses afirman haber tenido por lo menos una experiencia religiosa o mística. Si se les preguntara en qué consistía, sería interesante saber qué respondería ese 18% de ateos e indiferentes que creen haber tenido una. Creencias sin estructura, en la espiritualidad de los árboles, en la fertilidad de las flores, en la Madre Tierra, o en una Pacha Mama tan multicultural como eurocéntrica. Creencias en la mera necesidad de creer en algo, de sentirse especial, como si por un instante todo estuviera en orden. Paz terapéutica en un mundo transido de dolor y violencia.

viernes, 18 de diciembre de 2009

Modus vivendi para las religiones

La Junta de Castilla y León escribe, en su apelación a la sentencia que exigía la retirada de los crucifijos de una escuela vallisoletana, que "la marcada secularización de los símbolos tradicionales de la religión católica acontecida en España en los últimos tiempos [...] impide una clara delimitación entre lo cultural, popular, histórico o artístico y lo religioso" y añade que "el Estado no puede mantener una especie de 'neutralidad aséptica' pues la propia tradición cultural española lo impide".

Por su parte, la asociación e-cristians sostiene que está "científicamente comprobado" que la "Religión protege a los jóvenes".

En la reciente sentencia que viene a matizar a la primera atendiendo a las apelaciones mencionadas, se busca un equilibrio entre el laicismo maximalista y la confesionalización del espacio público: "sólo mediante las limitaciones recíprocas de los derechos de todos se podrá hallar un marco necesario de convivencia". A saber, ni los anticlericales o ateos ni los nacionalcatólicos pueden ganar la partida, siendo la moderación entre ambos extremos la única solución que garantiza una convivencia razonable. La Constitución Española ofrece un buen criterio para alcanzar esta situación de equilibrio, dado que en ella se avanzaron los intereses, casi se díría que contradictorios, de las Españas en conflicto. Tanto el clero como los progresistas consiguieron imponer su doctrina, quedando artículos, como el dedicado a la educación, que garantizan los derechos de todos, sin garantizar los de nadie en concreto.

La sentencia concluye que "en aquellas aulas y para el curso escolar concreto en el que medie una petición de retirada de cualquier símbolo religioso o ideológico, petición materializada por los padres del alumno y la cual revista las más mínimas garantías de seriedad, deberá procederse a su retirada inmediata. Otro tanto deberá realizarse en los espacios comunes del centro educativo público. En aquellas aulas en las que cursen alumnos cuyos progenitores no hayan manifestado su contrariedad a la persistencia o colocación de aquellos símbolos, no se entiende que existe conflicto alguno y por lo tanto será procedente su mantenimiento o existencia".

La solución es, así pues, la de un modus vivendi, a saber, garantizar la coexistencia de los diversos, interviniendo sólo cuando alguien lo requiere. Frente a esto, la propuesta del gobierno de aplicar la sentencia Lautsi a todos los centros escolares, supone forzar la convivencia en nombre de una decisión de ámbito europeo que pretende unificar un paisaje religioso caracterizado por la diversidad de arreglos institucionales.