martes, 6 de mayo de 2008
Contra la literatura contemporánea
Claro está que mientras tanto nos escudamos en la escritura y decimos que son buenas novelas, construidas con maestría, oscilando así entre la identificación caliente y la fría observación del mecanismo que nos emociona. Es la condena de la inteligencia, que creemos que nos salva de nuestra muerte en vida, cuando en realidad no hace más que enterrarnos un poco más en las miasmas de nuestras almas estancadas. La salvación por la lectura es un espejismo que contribuye a mantenernos en estado vegetativo, esperando sin más que la luz se apague de una vez por todas.
jueves, 1 de mayo de 2008
Sospechas religiosas
Así, algunos sociólogos franceses de la religión que defienden una concepción abierta de la laicidad resulta que son protestantes. O el quebequés que escribe sobre la secularización resulta que es católico. O el periodista que se atreve con cualquier cosa resulta que es ateo y cientifista.
Hay, sin embargo, honrosas excepciones que son obervadas con recelo por los defensores de la consistencia y enemigos de la honestidad. Piénsese por ejemplo en las sospechas que lanza Paolo Flores d'Arcais a Habermas a propósito de la consideración que a este último le merece el papel activo de las religiones en el espacio público. Si uno defiende la libertad religiosa y cree que se deben aceptar completamente las consecuencias de su ejercicio, resulta que eso es porque lo que uno en realidad quiere es disfrutar en primera persona de esa libertad.
La clave para deshacerse de este nietzscheanismo de salón se halla en la frase más enigmática de John Rawls: "aplicar la tolerancia a la filosofía misma" (Justice as fairness: political, not metaphysical).
jueves, 17 de abril de 2008
Obédiences maçonniques et de libre pensée
El discurso es conocido y practicado también por algunos españolitos con indigestión de literatura de divulgación científica. La verdad es que, como decía aquel, la realidad es un desierto en el que cada cual trata de sobrevivir como puede, y para hacerlo algunos se juntan y se organizan, mientras que cada vez hay más que se hacen su propio bricolaje espiritual y se recluyen para salvarse a sí mismos. Calificar a la religión de irracional es un insulto a la racionalidad en cuyo nombre ingenua y supuestamente se habla.
miércoles, 16 de abril de 2008
Respuesta al señor Zápiro
Menciona usted la política y el fútbol. Hace unos días escribí algo al respecto.
No creo que tenga mucho más que decir sobre el tema, además, basta con leerse los estatutos del club que, por cierto, también están en castellano, en demostración de que la catalanización del club que Pujol pactó con el "rei dels totxos" no es impedimento para tomar en consideración a los culés y a la prensa en castellano. Bueno, pues, estos estatutos que tienen el prestigio de estar redactados por un señor de Barcelona que los perpetró con pocas ganas y sólo para salir en la foto, que ya se sabe que cuando uno se acerca al Barça tiene la posibilidad de salir en más de una foto, digo, esos estatutos supuestamente prestigiosos, pero que contienen algunos errores lamentables, dicen, correctamente, en el artículo 4º-2 que el club tendrá como finalidad complementaria "la promoción y la participación a [sic] las actividades sociales, culturales, artísticas, científicas o recreativas convenientes y necesarias para mantener la representatividad y la proyección pública de que goza el Club, fruto de una tradición permanente de fidelidad y servicio a los socios y socias, a los ciudadanos y ciudadanas de Cataluña". Escudándose en que algunos acontecimientos a los que asiste el senyor al que todo el mundo denomina presidente, o alguien en representación del club, son culturales, pueden seguir contribuyendo a un proyecto político que no todos los socios comparten. Sea este proyecto el que sea, lo que cuenta es que se utiliza al club para defender y apoyar los intereses e inclinaciones políticos de los señores que constituyen la, así llamada, junta directiva y que fueron elegidos por un procedimiento que cumple algunos requisitos democráticos, si bien dista mucho de cumplir con la exigencia de igualdad propia de toda concepción normativa de la democracia. De muestra basta ver la morterada de dinero con la que hay que avalar las candidaturas elegidas y que, huelga decir, no todos, ni mucho menos, poseen. Podemos, con todo, afirmar que el procedimiento mediante el que han sido elegidos está bastante legitimado. Ahora tienen que legitimarse por los actos.
Lo que podemos observar desde la distancia es que en sus connivencias políticas defienden un proyecto que se puede calificar de nacionalista, con toda la vaguedad asociada a este ambiguo concepto. Hay, también, cierta proximidad con la revolucionaria idea de independencia, que de un día para otro se ha convertido en una meta que se puede alcanzar. No se trata aquí de juzgar sus objetivos, pues de lo que hablamos es de la relación entre el fútbol y la política. Y lo que podemos concluir es que los socios deberían exigir a los señores que forman parte de la, así llamada, junta directiva que hagan acto de contrición y se guarden su ideología para otros menesteres.
Se podría hablar también de la pestífera prensa deportiva como frenética fuerza concomitante, pero tampoco hay que amargarse la vida. Seguir al Barça a lo largo de los años no sólo permite medir el paso del tiempo con una regularidad que tal vez sea lo único sólido en esta modernidad líquida, como la llama el simpático profesor Bauman, no sólo eso, sino que también nos enseña a saber disfrutar cuando toca concentrándonos únicamente en lo que sucede dentro de las líneas de juego. Sólo eso, sin los rumores; apenas conscientes de la caja de resonancia en cuyo centro se halla el balón. Eso, y sentido del humor y lo sublime. Ah, y, por supuesto, a Moscú...
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De postre connivencia en serio.
Rushdie en la mezquita
Lo interesante del asunto es el objetivo que se persigue, o mejor, el objetivo que se declara perseguir más allá del obvio ruido que todo “buen” periodista desea hacer. Wallraff dice que se trata de incitar el debate sobre el asunto dentro de la comunidad islámica europea y, en especial, entre las generaciones más jóvenes, los candidatos más propicios para incorporarse como ciudadanos de pleno derecho a las democracias occidentales y su plétora de garantías. Ser ciudadano, entonces, puede consistir tanto en asistir a un acto en el que la propia religión es objeto de burla (en el supuesto de que eso sea lo que se encuentra en el libro de Rushdie, cosa que no sé), cuanto en distanciarse de la autoridad omnímoda de la jerarquía de la religión a la que se pertenece.
El primer supuesto parece excesivo, pues demanda una tolerancia desproporcionada respecto a los fines perseguidos. Así, los católicos tienen que convivir en una sociedad en la que saben que su religión es objeto de burla y de insulto, pero no se ven obligados a asistir a jornadas de escarnio a su Dios. En cambio, el segundo supuesto parece más asumible o, cuando menos, parece más cercano a la retórica del individualismo según la cual las verdaderas elecciones son las que nosotros mismos hacemos y no las que nuestros padres, maestros, párrocos o entrenadores toman en nuestro nombre.
El paso del mito de Dios al mito del Yo, diría. Pero eso serían sólo palabras que tal vez y si hay suerte suenen bien, poco más. No se trata de parecer más listo que los otros, sino de pensar en términos de justicia, algo más aburrido. Y si de aburrirse se trata, pues mejor hacerlo sin nadie que nos amenace porque se nos haya ido la olla (perdón) en un momento de clarividencia supuesta o real.
martes, 15 de abril de 2008
El prestigio de la libertad
Además, hoy, quien lo desee dispone de argumentos para negarse a obedecer, en los que no sólo se habla de libertad sino también de ética. El caso concreto de la objeción a EpC (Educación para la ciudadanía) es ejemplar de la vacuidad de muchas protestas cuyo valor reside en la reclamación de un derecho que, sin duda alguna, se ostenta. Y puesto que los derechos son sagrados, no es necesario justificar las reclamaciones que de ellos se hacen. Basta con decir que uno quiere ser libre de enseñar a su progenie lo que le parece mejor, sin la obligación de someterse a los dictados del gobierno o de los educadores, en este caso. La no necesidad legal de justificar la desobediencia tiene como consecuencia que la objeción se utilice con fines políticos y no de conciencia.
Todo esto resulta al fin tan aburrido como la lectura cotidiana de los diarios y su goteo de tejes y manejes al servicio del dinero y el poder. La ética y los derechos son de cabo a rabo las nobles máscaras con que se cubren los rufianes.
jueves, 10 de abril de 2008
Café Liberté, 55 Boulevard Voltaire

Los paletos como yo sólo hacemos fotos cuando salimos de viaje. De París puedo enseñar esta consecuencia indeseada e indeseablemente antiestética de la amenaza terrorista: las papeleras transparentes que, cual condones gigantes, puntean las aceras de esta, por otra parte, bella ciudad.
Esta papelera, concretamente, se halla en la esquina del Café Liberté, en el Boulevard Voltaire,
un bar español en donde se reúnen algunos españolitos a ver el futbol. El lugar en cuestión es una auténtica afrenta para los monoteístas del futbol que no conciben que en un mismo local se hallen las banderas del Barça, del equipo blanco y de todos los clubes españoles. Los monoteístas que, como su nombre dice, ya no toman café, y que están habituados a ver los partidos rodeados de acólitos de la misma fe, bien sea en el estadio, en el bar o en casa, ven tensada hasta el límite su capacidad de tolerancia cuando entran en templos politeístas como el Café Liberté. En el local suele haber gente de todas partes de España que, por lo menos ayer, parecían contentos de que ganara el Barça. Probablemente muchos querían que ganara el Barça, como al final sucedió gracias a los hados africanos, y lo querían porque lo consideran un equipo español, en el que juegan españoles, como el Liverpool.
Pero, la verdad sea dicha, cualquier observación que vincule el fútbol y la política nacionalista es una antigualla que más vale que vayamos enterrando. Aunque sólo sea para tapar las vergüenzas de esta joven democracia que nos ha tocado levantar. ¡Ánimo, españolitos, ayúdenme a empujar!