martes, 6 de mayo de 2008

Contra la literatura contemporánea

No podemos evitar leer libros de autores aún vivos. La curiosidad y nuestro empecinamiento en el error nos hacen reacaer, pero no deberíamos. La literatura contemporánea suele ser un espejo en el que contemplamos nuestras deformidades, el páramo en el que se ha convertido el mundo y nosotros con él. Elogiamos, por ejemplo, a Cormac McCarthy o a Philip Roth, pero lo que elogiamos es el horror de nuestras vidas que ya no son vidas. A veces esa literatura nos recuerda por defecto que lo que llamamos vida es un sucedáneo, que no sabemos cómo huele la sangre que supuestamente corre por nuestras venas, que no conocemos el peligro de la humanidad aún viva. Es el caso de Cormac McCarthy y su Trilogía de la frontera. En otras ocasiones, encontramos en los libros la emoción fácil de un niño que pasa hambre y tiene frío, como en La carretera. Y lo peor de todo se da cuando nos vemos reflejados en los personajes de Philip Roth y seguimos leyendo, fascinados por reconocernos en todos sus traumas y debilidades.
Claro está que mientras tanto nos escudamos en la escritura y decimos que son buenas novelas, construidas con maestría, oscilando así entre la identificación caliente y la fría observación del mecanismo que nos emociona. Es la condena de la inteligencia, que creemos que nos salva de nuestra muerte en vida, cuando en realidad no hace más que enterrarnos un poco más en las miasmas de nuestras almas estancadas. La salvación por la lectura es un espejismo que contribuye a mantenernos en estado vegetativo, esperando sin más que la luz se apague de una vez por todas.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

durante el curso apenas puedo leer. leo prensa, blogs, exámenes, trabajos, pero libros casi ninguno.

lo intento con la literatura. más suave que el ensayo o el tratado. pero "el hombre invisible" de Wells que empecé en navidad todavía no lo he acabado.

contemporánea, solo he leido a algunos americanos, Easton Ellis, Foster Wallace y Johnathan Frazen. pero "American Psycho" no la acabé, y de los dos siguientes he leido una especie de reportaje periodístico ("algo supuestamente divertido...") y una colección de artículos y ensayos también periodísticos ("Cómo estar solo", este sí verdaderamente grande).

ya ni siquiera voy mucho al cine o ni siquiera veo cine por TV.

estoy deseando que llegue el verano, pero los ensayos en la mesita de noche son muchos más que las novelas, y de estas, "El oficio de vivir", de Pavese, no puede decirse que sea contemporánea.

Anónimo dijo...

qué piensa del artículo de Pinker que ayer destacó Espada en su blog?

gracias.

Zápiro dijo...

Me gustaría escribir que se equivoca, señor Gamper. Me gustaría introducir un comentario que alabara las virtudes de la lectura, que presentara la dilucidación de sus mecanismos como una profundización de su sentido. Me gustaría decir que la lectura es una vida en sí. Pero dentro de un rato tendré que bajar a comprar el pan, tendré que mirar a la panadera, tendré que demostrarle con la mirada que sigo siendo uno más, uno más que compra el pan, y ante mi fracaso absoluto me daré cuenta de que la lectura es un falso drenaje.

Decía Gil de Biedma de Gabriel Ferrater que, con los mismos defectos, pero con menos virtudes, le habría ido mucho mejor en la vida.

Consuelo para tontos, supongo.

Un saludo