jueves, 6 de noviembre de 2008

Critón

"Los principios que profesé toda mi vida no me es dado abandonarlos hoy porque mi situación haya cambiado; los sigo mirando con los mismos ojos, les sigo teniendo el mismo respeto y veneración que antes".

Critón le ha ofrecido a Sócrates todo su dinero para sacarlo de la cárcel y evitar una muerte segura. Y Sócrates le responde con las palabras citadas. Pensar siempre lo mismo, decir siempre lo mismo. Eso es lo que hace el sabio. Un sabio cuya estabilidad no puede tener origen humano ni encarnarse tampoco entre huesos y piel. Por fortuna, los humanos tenemos derecho a contradecirnos y equivocarnos. Esclavos del devenir. ¡Qué esclavitud placentera la de los sofistas! Dejemos que el filósofo se ponga piedras en los bolsillos. Al resto siempre nos quedará el consuelo de la ignorancia.

3 comentarios:

Oriol Anguera De Sojo Pericas dijo...

Este gesto de “sacrificio” a sus ideas me parece loable pero un tanto vulgar. Sacrificarnos por nuestras ideas, empecinaros en ellas en vez de dudar es lo que nos acerca a Sócrates. Las ideas, las acciones en las que Sócrates se reconoce a sí mismo, como el respeto a la justicia aún cuando sea una mala justicia, son más “elevadas” que las ideas y las acciones en que nos reconocemos nosotros, en que construimos nuestra identidad como Platón la de Sócrates pero son, al fin y al cabo la misma cosa.
A mí me da mayor placer filosófico (creo que es la primera vez que uso el término filosofía en su primera acepción) los momentos en que las construcciones platónicas son puestas en crisis por el genio socrático. En el Parmeneides lo hace construyendo la necesidad de que las ideas tengan relación con las cosas y luego destruyendo la posibilidad de que eso sea así ensayando de forma ingenua, casi cómica distintas posibles relaciones entre las ideas y las cosas.
Actualmente aceptamos como incuestionable el legado de Platón: la Razón, esa razón que es “verdadera” y asequible a todo hombre/a mediante la práctica de la virtud y de la inteligencia. Su sacrificio voluntario a manos de la Justicia es el acto ritual que eleva ese paradigma de razón a la verdadera existencia. Nuestra aceptación de ese paradigma NO es a causa de su robustez argumental (el propio Sócrates/Platón la destruye constantemente) sino de su perentoria necesidad escenificada en el sacrificio voluntario del mejor de los hombres ofrecido a la peor de las justicias.
En cuanto seres que nos definimos como racionales necesitamos construir una Razón que de legitimidad a nuestra supuesta esencia racional y a la esencia también racional de las cosas que nos son propias y a las que nos sometemos, como son el estado. La propia “Razón” ya se ha encargado de deslegitimarse pero sigue siendo la herramienta con la que se construye el estado y “de facto” sigue siendo verdadera.
Por eso me parece hermosa la respuesta de Sócrates a Adimanto en el ingenuo y megalómano juego de la recreación de la República en la que se entretenían en una tarde de sol:

“Adimanto- Adivino lo que estás proponiendo examinar: si hemos de admitir o no en nuestro Estado la tragedia y la comedia.
Sóctates- Tal vez, -contesté- pero tal vez también algo de más importancia que eso, aunque yo mismo no lo sé aún, sino que allí adonde la argumentación, como el viento, nos lleve, hacia allí debemos ir.”(III 394e Gredos)

Este es, a mi juicio, el verdadero “sacrificio” de Platón, que es el reverso de la moneda del sacrificio histórico de Sócrates del que él nos da fe. Sócrates representa la divinización del paradigma de la Razón y Platón su humanización: El paradigma es necesario pero no es verdadero.

Se parece al comentario de Oscar Wilde que dice algo así (lo cito de memoria) “Puedo soportar la fuerza bruta pero no la razón bruta, ofende la inteligencia”

Oriol Anguera De Sojo Pericas dijo...

Este gesto de “sacrificio” a sus ideas me parece loable pero un tanto vulgar. Sacrificarnos por nuestras ideas, empecinaros en ellas en vez de dudar es lo que nos acerca a Sócrates. Las ideas, las acciones en las que Sócrates se reconoce a sí mismo, como el respeto a la justicia aún cuando sea una mala justicia, son más “elevadas” que las ideas y las acciones en que nos reconocemos nosotros, en que construimos nuestra identidad como Platón la de Sócrates pero son, al fin y al cabo la misma cosa.
A mí me da mayor placer filosófico (creo que es la primera vez que uso el término filosofía en su primera acepción) los momentos en que las construcciones platónicas son puestas en crisis por el genio socrático. En el Parmeneides lo hace construyendo la necesidad de que las ideas tengan relación con las cosas y luego destruyendo la posibilidad de que eso sea así ensayando de forma ingenua, casi cómica distintas posibles relaciones entre las ideas y las cosas.
Actualmente aceptamos como incuestionable el legado de Platón: la Razón, esa razón que es “verdadera” y asequible a todo hombre/a mediante la práctica de la virtud y de la inteligencia. Su sacrificio voluntario a manos de la Justicia es el acto ritual que eleva ese paradigma de razón a la verdadera existencia. Nuestra aceptación de ese paradigma NO es a causa de su robustez argumental (el propio Sócrates/Platón la destruye constantemente) sino de su perentoria necesidad escenificada en el sacrificio voluntario del mejor de los hombres ofrecido a la peor de las justicias.
En cuanto seres que nos definimos como racionales necesitamos construir una Razón que de legitimidad a nuestra supuesta esencia racional y a la esencia también racional de las cosas que nos son propias y a las que nos sometemos, como son el estado. La propia “Razón” ya se ha encargado de deslegitimarse pero sigue siendo la herramienta con la que se construye el estado y “de facto” sigue siendo verdadera.
Por eso me parece hermosa la respuesta de Sócrates a Adimanto en el ingenuo y megalómano juego de la recreación de la República en la que se entretenían en una tarde de sol:

“Adimanto- Adivino lo que estás proponiendo examinar: si hemos de admitir o no en nuestro Estado la tragedia y la comedia.
Sóctates- Tal vez, -contesté- pero tal vez también algo de más importancia que eso, aunque yo mismo no lo sé aún, sino que allí adonde la argumentación, como el viento, nos lleve, hacia allí debemos ir.”(III 394e Gredos)

Este es, a mi juicio, el verdadero “sacrificio” de Platón, que es el reverso de la moneda del sacrificio histórico de Sócrates del que él nos da fe. Sócrates representa la divinización del paradigma de la Razón y Platón su humanización: El paradigma es necesario pero no es verdadero.

Se parece al comentario de Oscar Wilde que dice algo así (lo cito de memoria) “Puedo soportar la fuerza bruta pero no la razón bruta, ofende la inteligencia”

Daniel Gamper dijo...

Yo no lo habría dicho mejor, estimado Don Anguera de Sojo.