miércoles, 10 de septiembre de 2008

Objeción argumentada

Siguen las sentencias de los tribunales autonómicos sobre la objeción a la asignatura "Educación para la ciudadanía". Huelga decir que este asunto hace mucho que ha dejado de competer a la educación para convertirse en un motivo para escenificar las diferencias políticas. Además, su judicialización y la inexistencia de un criterio común a los diversos tribunales no ha hecho más que aumentar la desorientación ciudadana al respecto. Hace un tiempo, el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía dictaminó que los padres tenían derecho a objetar y que no tenían que argumentar su objeción quedando amparados en el artículo 16.2 de la Constitución Española según el cual “Nadie podrá ser obligado a declarar sobre su ideología, religión o creencias”.
Informa hoy la prensa de una nueva sentencia, esta vez de Cantabria. Dice la noticia:

"La sala alega que los padres no han argumentado "mínimamente" por qué motivos la asignatura puede vulnerar sus derechos fundamentales a la libertad ideológica y de conciencia y subraya que con aducir la posible vulneración sin más concreción no es suficiente para aplicar la medida cautelar."

Sin conocer el resto de la sentencia, resulta ejemplar el argumento de los jueces, pues si no se aducen motivos para objetar a la asignatura, si simplemente se alegan motivos de conciencia sin decir cuáles son, se permite que los ciudadanos hagan el juego sucio de los partidos políticos. En cambio, obligando a los candidatos a objetores a argumentar su objeción se logran dos cosas, ambas buenas: que se ponga a prueba definitivamente la parcialidad o imparcialidad del temario de la asignatura, y que se realice un debate público sobre la cuestión sin que los políticos marquen el orden del día.

Por lo que se refiere a la imparcialidad de la asignatura y más allá de la probable torpeza de los redactores al enfatizar la cuestión de la "ideología de género", aún no se ha oído ningún argumento válido para oponerse a sus contenidos, como no sean argumentos no democráticos que, por definición, quedan descalificados.

lunes, 8 de septiembre de 2008

Ofensas



Es natural que los códigos civiles protejan a los ciudadanos de los insultos. Así, en la sección 5 de la Public Order Act británica leemos que:

"(1) A person is guilty of an offence if he—

(a) uses threatening, abusive or insulting words or behaviour, or disorderly behaviour, or

(b) displays any writing, sign or other visible representation which is threatening, abusive or insulting, within the hearing or sight of a person likely to be caused harassment, alarm or distress thereby."

No hay ninguna referencia a los motivos de la ofensa, de modo que tanto pueden ser personales como religiosos. En el primer caso, es difícil no sentir simpatía por el ofendido, sobre todo si no se trata de un ciudadano con un cargo público. Sin embargo, cuando los motivos son religiosos se introduce un elemento de arbitrariedad que sólo las sentencias pueden en cada caso acabar normalizando.
Esto viene a cuento porque hace unos días una ciudadana cristiana se ha sentido ofendida por la imagen que encabeza este post y ha denunciado a la galería que la exhibe pues se siente ofendida y además considera que el único objetivo de la escultura de Terence Koh es provocar el desagrado de los cristianos.

Cabe suponer que el juez deberá decidir si la demandante está ofendida por motivos personales o porque se ha ofendido a su religión. En el caso de que sea la religión la ofendida, habrá que ver si esta puede ser representada por cualquiera de los fieles que a ella se adhieren.

Pero la cuestión legal no compete aquí. Sí, en cambio, las palabras de la demandante, la señora Emily Mapfuwa, que sostiene que "I don't think this gallery would insult Muslims in this way, so why Christians?" De nuevo el argumento de la reciprocidad. De nuevo el argumento de la violencia de los otros: dado que los otros son violentos (o eso se acaba creyendo a base de repetirlo), nadie se atreve con ellos, por qué entonces lo hacen con nosotros, ¿porque somos débiles?

Reciprocidad y trato igual para todos, reclaman los cristianos. Que se ofenda a todo el mundo o a nadie, pero nada de respeto selectivo. Eso dicen. Pero si se aplica la reciprocidad a rajatabla, entonces que sirva esto también para los privilegios. Ofensas para todos, pero laicidad abierta también y reconocimiento de todas las religiones. Esa es la alternativa.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

¡Qué agonía!

"Andalucía multa al médico que alargue la agonía del enfermo": con semejante titular abre El País la edición de hoy. ¿Qué significa no alargar la agonía de un enfermo? No ensañarse terapéuticamente. No sostener lo que se está cayendo, dejar que se derrumbe lo que la naturaleza ya no puede mantener erguido. En nombre de la vida y de su santidad se pierde de vista que la vida está hecha para morir y que la gran mayoría llega un momento en que, nada más natural, desea que se acabe esta agonía.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Mezquitas y minaretes



La laicidad y la libertad religiosa no siempre conviven bien. Los defensores de la primera no siempre están de acuerdo en que el Estado garantice el ejercicio de la libertad religiosa pues en realidad creen que las instituciones laicas deben promover la secularización de la sociedad así como la progresiva privatización y, finalmente, desaparición de las religiones. Sin embargo, la laicidad topa con unos límites constitucionales que protegen a los creyentes de las euforias anticlericales de los laicistas inmoderados.
Basta ver los comentarios de los lectores al anuncio de la construcción de una mezquita enorme en Colonia (Alemania). La mayoría del consejo municipal aprobó la construcción de la mezquita promovida por la asociación islamo-turca Ditib. Debe quedar claro que simplemente se les ha concedido el derecho a construir un edificio de culto en un terreno propio y que no se les ha dado ninguna subvención, pues la mencionada asociación cuenta con fondos procedentes del gobierno turco. El argumento de los opositores, tanto el CDU (con la excepción del alcalde) como la asociación populista de derechas Pro Köln, sostienen que no se trata de un proyecto de integración de los ciudadanos musulmanes sino de una “demostración de poder”. Frente a los políticos que defienden el derecho de los musulmanes a no verse obligados a practicar su culto en sótanos o en patios interiores y que confían en que la mezquita se convierta en un símbolo más de Colonia, los opositores arguyen que se trata de un paso más en la islamización de Europa promovida por gobiernos extranjeros como Turquía.
La palabra clave que repiten los opositores a la construcción de la mezquita es “islamización”. Incluso en Alemania, en donde la xenofobia apenas puede ser expresada en público como es el caso en Dinamarca u Holanda, la derecha está empezando a decir las cosas claras. El sentimiento de culpa del nazismo se va difuminando y las palabras gruesas contra los inmigrantes ya no son monopolio de los radicales sino también de algunos cargos públicos. Cada vez se habla más claramente, se señala a los extranjeros, en especial a los musulmanes, con menos escrúpulos. La islamización es vista como una pérdida de las raíces del país, como una mezcla que acabará con Alemania entendida en términos de pureza nacional. El discurso, ciertamente, se apoya en el vínculo entre Islam y terrorismo. Se rechaza toda manifestación pública de los musulmanes, y se recurre al miedo, al discurso orientalista, a la imagen del Otro amenazante.
Se dirá que el discurso a favor de la construcción de la mezquita, o mejor, el discurso a favor del ejercicio equitativo de la libertad religiosa de los ciudadanos de diversas confesiones, no es más que pensamiento bienintencionado que no toma en consideración las eventuales consecuencias negativas que este asunto puede tener en un futuro que, no lo olvidemos, nadie conoce. En el caso alemán Wolfgang Schäuble, el ministro del interior que ha defendido en múltiples ocasiones el derecho de los musulmanes a ejercer su fe en público y a disponer de lugares de culto dignos, ha tenido que responder a los que le acusan de legislar desde los remordimientos y el sentimiento de culpa de los alemanes, sin prestar atención al hecho de que el islam constituye un peligro real.


Hace un par de días, un “artista” que responde al nombre de Gianni Motti, ha instalado un minarete blanco en el tejado de un museo en la pequeña localidad suiza de Langenthal. Se trata de un happening o de una instalación en el marco de una exposición artística que supuestamente pretende suscitar un debate sobre la tolerancia de los ciudadanos ante los símbolos religiosos ajenos. Con la excusa de los permisos de obras y la seguridad ciudadana, las instituciones de la zona se están planteando impedir que el minarete siga instalado durante las tres semanas que dura la exposición. Les parece una broma de mal gusto. Algo innecesario. Una ofensa, casi. Las susceptibilidades están también alteradas en el bando cristiano.
La oposición a los minaretes y a las mezquitas se basa en el miedo a unas eventuales consecuencias maléficas para el orden constitucional europeo. El pueblo quiere que el legislador tome en consideración su miedo y legisle de manera preventiva. Pero el miedo está también de la otra parte. Véase, por ejemplo, el argumento del gobierno suizo que aconsejará el “no” a la iniciativa en contra de la construcción de minaretes entre otros motivos porque podría convertir al país en una víctima de atentados terroristas.
Pero, aunque no siempre lo parezca, en ocasiones vivimos bajo el imperio de la ley. Y ésta garantiza el derecho igual a practicar los cultos, de modo que la laicidad no tiene otra alternativa que interpretarse de manera positiva o radicalizarse tanto como aquello que pretende combatir.

sábado, 30 de agosto de 2008

Razones filosóficas personales

A mediados de agosto Rémy Salvat fue encontrado sin vida en su casa después de haber ingerido una dosis de barbitúricos. Tres meses antes le había escrito al presidente de la República Francesa, el ínclito Sarkozy, solicitándole una medida legislativa a favor de la eutanasia de las personas gravemente enfermas y con pocos deseos de seguir con vida. La respuesta del presidente no dejó lugar a dudas:

«Pour des raisons philosophiques personnelles, je crois qu'il ne nous appartient pas, que nous n'avons pas le droit, d'interrompre volontairement la vie.»

A lo que añadió:

«Je voudrais que soit privilégié le dialogue au chevet du malade, entre lui-même, le médecin et la famille, en toute humanité afin que soit trouvée la solution la plus adaptée à chaque situation.»

Según el presidente, el énfasis de las políticas no debe estar en facilitar la muerte o suicidio asistido de los gravemente enfermos que así lo deseen, sino en garantizar los cuidados paliativos. Sin duda, los cuidados paliativos son una demostración de que una sociedad no deja abandonados a los ciudadanos más débiles, como sucedió en un verano canicular en Francia hace unos años que se llevó consigo a varias decenas de ancianos y que fue aprovechado por el malvado Houellebecq para escribir su repugnante "La posibilidad de una isla". Está claro que una sociedad que deja que los viejos se mueran es una sociedad indigna y parece que por ahí ha empezado el combate legislativo de Sarkozy. Pero además de la dignidad también hay que pensar en la autonomía y no parece necesario que ambos sean conceptos que se excluyan mutuamente, a no ser que se adopte el sesgo cristiano que tiende a enaltecer la primera, la dignidad, al precio de debilitar la segunda, la autonomía.

Pero esto es opinable. Lo que no es opinable es que la motivación del presidente sean sus "razones filosóficas personales". ¿Deberían importarnos las razones filosóficas personales de Sarkozy? Está claro que si hubiera dicho que se trataban de sus "razones religiosas personales" el asunto habría sido mucho más criticado, pero lo mismo debería darse cuando se habla de razones filosóficas. El problema está en que son "personales". No se trata de exigir que las razones de los políticos no sean personales, de que los políticos sean como robots (como algún estudiante siempre acaba pensando, pobre idiota, que deberían ser). De lo que se trata es de que sean capaces de transmitir o de traducir estas ideas personales a un lenguaje y a unas motivaciones que no sean personales. No sólo por una cuestión de cortesía, sino por legitimidad democrática.

Legitimidad democrática de la que parece saber poco el arzobispo de Lyon, Philippe Barbarin, que declaró que "un président de la République ne peut pas faire ça, ne peut pas dire à quelqu'un : je t'autorise à mourir". Naturalmente, y es que el Presidente no autoriza a morir sino que es el legislativo el que hace una ley en representación de los ciudadanos para que estos decidan si, bajo determinadas circunstancias, pueden autorizar a alguien para que cumpla la última voluntad de los que ya no creen que esta vida es vida.

Y aún añadió: "Un président de la République, c'est un président de la République. Ce n'est pas Dieu le père" No, efectivamente, el presidente de la República no es Dios, pero nadie en sus democráticos cabales lo cree. El joven Rémy no escribió a Dios, sino a un político endiosado que antepone sus creencias a sus obligaciones y que en nombre de la dignidad hurta la autonomía. No se le pide a Sarko que decida sobre la vida o la muerte, sino que establezca los procedimientos jurídicos y médicos que permitan que cada cual pueda decidir.

martes, 12 de agosto de 2008

Distopía

De un día para otro parece que todo el mundo hable de distopías. Eso es señal de que la distopía o bien se ha realizado y nosotros somos sus desafortunados protagonistas, o bien es un síntoma suficiente de que está cercana.
Esta poca claridad entre el bien y el mal, esta regularidad de lo noticiable, la decadencia de las religiones, etc., son signos de una búsqueda de puntos fijos en los que anclar las últimas amarras de las almas humanas. Cuando vemos a los individuos masificados buscando la salvación eterna de sus almas en los últimos saldos de las rebajas, ¿debemos preocuparnos? ¿Hay motivos para prever un apocalipsis? En realidad no se trata de apocalipsis ninguno, sino de la lenta putrefacción de las energías humanas más creativas en manos del consumo y de la rapidez del mundo actual. El shopping mall es la expresión más lograda de que la distopía, el lugar funcional e inhumano, es ya real, però no n'hi ha per tant.

Léase, a propósito: "Bienvenidos a Metro-Centre" de Ballard en Minotauro.

lunes, 11 de agosto de 2008

GMAIL

La información y la propaganda son el futuro. Basta mirar el margen derecho de la pantalla cuando se utiliza esa herramienta tan lograda que es GMAIL. Mediante un programa de ordenador que supuestamente no controla nadie, pues se limita a seleccionar palabras de nuestros mensajes y ofrecernos mercancías relacionadas con los conceptos que usamos, GMAIL transmite el mensaje. Ellos transmiten un mensaje al mismo tiempo que nosotros. No nos quejemos. Sobre todo, no quejarse, porque los anuncios que aparecen en el margen derecho pueden ser beneficiosos para nosotros: podemos saber que hay ofertas de hoteles en Hawai, que nuestro champú tal vez no es tan bueno como ese otro que anuncia Brad Pitt, o que si estamos solos y queremos compañía basta con apretar el botón adecuado y sentarse a esperar que suene el teléfono.

GMAIL es una buena herramienta;
GMAIL es una herramienta del capitalismo;
ergo,
el capitalismo es bueno.

Así funciona nuestro cerebro. Abducidos por lo real, nuestra imaginación ha quedado desactivada y sólo puede propagar su vacuidad virtual a los cuatro vientos. Pero el viento ya no sopla. Y el vacío amenaza con inundarlo todo.