sábado, 20 de septiembre de 2008

Obispos haciendo política

Los obispos de Madrid, Alcalá de Henares y Getafe han enviado una instrucción pastoral a los colegios católicos de Madrid en la que dictan normas sobre cómo deben informar a los padres acerca de la objeción a "Educación para la ciudadanía".
No se halla en ella ningún argumento que justifique la objeción. Simplemente dicen que lo que ahí se enseña (relativismo moral (sic) e ideología de género) va en contra de "la doctrina social de la iglesia y el verdadero humanismo". Primero habría que ver si efectivamente se promueve el relativismo moral (yo diría que no) y la ideología de género (es posible, pero no está claro que sea una ideología sesgada ni no acorde con los principios constitucionales). En caso de que así fuera, se debería demostrar si ambas cosas vulneran el principio de neutralidad de las instituciones del Estado, y si no lo vulneraran los obispos deberían decir qué hay de malo en esas doctrinas. Si efectivamente los contenidos de la asignatura van en contra de algunos principios cristianos, ¿no pasan a ser esos principios (tal y como los interpretan los obispos) los que deben ser cuestionados?
Pero leer atentamente esta instrucción es perder el tiempo, pues es pura demagogia. Lo que están haciendo estos señores es política: apoyar a la oposición, enrarecer el ambiente, incitar a la objeción sin explicar por qué. Si tuvieran que justificarse tendrían un problema, de modo que prefieren decir que va en contra de sus principios y que por tanto la honorable objeción de conciencia está legitimada.

viernes, 19 de septiembre de 2008

Laicidad malinterpretada

"Autentica laicità non è pertanto prescindere dalla dimensione spirituale, ma riconoscere che proprio questa, radicalmente, è garante della nostra libertà."

Esto y otras cosas dijo el miércoles Benedicto XVI hablando de su viaje a Francia. Viene a decir que la dimensión espiritual es la garantía de nuestra libertad y que en eso consiste la laicidad. La reformulación es hábil pero no se atiene a lo que en realidad es la laicidad, a saber, la libertad para que cada cual decida si su libertad se halla en la dimensión espiritual (como también creía Kant) o bien en la dimensión carnal. Efectivamente, la laicidad no prescinde de la dimensión espiritual, pero tampoco la toma en consideración, simplemente se muestra neutra frente a las diversas formas en que los ciudadanos entienden la libertad.
Pero, claro está que la amabilidad de Sarkozy y la aparente cercanía entre su discurso y el del Papa suscitan luego estas interpretaciones que borran las diferencias entre la laicidad y la confesionalidad en nombre de una laicidad positiva que, si bien reconoce las necesidades espirituales de quien las tenga, no debe definir en qué consisten esas necesidades ni legislar en su nombre.

jueves, 18 de septiembre de 2008

Creacionismo en las aulas

Resulta absurdo enseñar el creacionismo en las aulas. En cambio, discutir sobre el creacionismo no es una idea estúpida. Lo decía Mill muy claro: para que una verdad mantenga su valor debe ponerse a prueba tantas veces como sea posible. Y qué mejor para el darwinismo que discutir con la "teoría" creacionista.

Esto a propósito de las críticas a Michael Reiss con motivo de unas declaraciones que se le atribuyen. Según los periodistas, Reiss, pastor de la iglesia anglicana y miembro de la Royal Academy, había propuesto que se discutiera el creacionismo en las clases de biología. No parece una mala idea, pero los científicos británicos se han rasgado las vestiduras con el engañoso pretexto de la slippery slope. La noticia está aquí.
Reiss finalmente ha dimitido y con él ha desaparecido la oportunidad de introducir a los alumnos en los rudimentos de la epistemología y en las virtudes del debate basado en los mejores argumentos (en este caso, los del darwinismo).

miércoles, 17 de septiembre de 2008

La autonomía y el suicido asistido: Sandel

Se acaba de publicar otro libro de Michael Sandel (Marbot): Filosofía pública. Ensayos sobre moral en política. Se trata de una recopilación de artículos breves en que pone su oficio al servicio del pensamiento público, ejerciendo así su deber democrático.

Sandel suele pasar por ser un filósofo conservador en temas morales, si bien es de suponer que en los EEUU debe ser considerado un liberal. Pero el pensamiento de los buenos filósofos, y Sandel es uno, no se reduce a las tendencias políticas que se les atribuyen. Prescindiendo, así, de etiquetas es interesante leer sus consideraciones sobre el suicidio asistido (cap. 19).

En su texto Sandel discute con una recomendación escrita en 1997 por eminentes filósofos morales americanos (Rawls, Dworkin, Nagel, Nozick, Scanlon, Jarvis), para pedir al Tribunal Supremo que aceptara las decisiones de tribunales inferiores a favor del suicidio asistido. Sandel se opone argumentando que si bien apoyarse en la autonomía de las personas para estar a favor del suicidio asistido parece un argumento fuerte, se trata en realidad de un decisión discutible pues no es ajena a consideraciones morales: "El énfasis de estos filósofos en la autonomía y la libertad de elección implica que la vida es propiedad de la persona que la vive. Pero esta ética discrepa de una gran diversidad de perspectivas morales que contemplan la vida como un don del que nosotros somos custodios y que nos impone una serie de deberes" (161).

No se puede conjeturar que toda la sociedad compartirá este énfasis en la autonomía, pero está claro que tampoco comparten la concepción de la vida como un don y la de la dignidad humana como un bien inviolable en todos los casos. ¿Cuál sería el lugar de la neutralidad? Pero, ¿por qué la neutralidad? Tal vez las leyes no deban aspirar a ella. Tal vez deban también ejercer una labor pedagógica. Y si es así, ¿qué motivos hay para inclinarse a favor de la autonomía o de la vida como un don? ¿Y quién debe hacerlo? ¿Los jueces? ¿Los legisladores?

En todo caso, a favor de la autonomía habla el hecho de que el propio procedimiento democrático se sustenta en este concepto, de modo que la doctrina comprehensiva democrática (no neutra), apoya también la tesis de la autonomía. Ese es un argumento que podrían usar los expertos convocados por el gobierno español con motivo de la legislación sobre el suicidio asistido que han anunciado a través de la prensa.

Legislar las ofensas religiosas

El diario pakistaní Daily Times publica la siguiente noticia:

OIC to move UNGA against caricatures

ISLAMABAD: A resolution against the publication of blasphemous caricatures of the Holy Prophet (peace be upon him) in various countries will be presented in the upcoming session of the United Nations General Assembly (UNGA), an Organisation of Islamic Conference (OIC) representative said on Tuesday.
“The resolution will demand legislation against the publication of blasphemous caricatures of revered personalities and derogatory remarks against religions. It will also demand [sacrilegious] actions be declared a crime,” OIC Secretary General’s Special Representative on Kashmir Ezzat Kamel Mufti told a news conference.
Mufti said a particular group in America and the European Union had been launching attacks against Islam. “However, we should not get emotional and resort to any kind of violence, including suicide bombings,” he said.

Los daneses que, como Ralf Pittelkow (de quien por cierto la Fundación FAES acaba de publicar un libro), ven peligrar las libertades básicas de Occidente a manos de los verdaderos liberticidas islamistas, han puesto el grito en el cielo. El caso es preocupante, pero la dramatización y gesticulación excesivas trabajan para la xenofobia y son herramientas de la acción política inmediata.

La equiparación entre sacrilegio y crimen todavía pervive en diversos códigos civiles europeos que regulan la blasfemia. En Dinamarca tienen un artículo semejante, y en el Reino Unido también se contempla la criminalización de según qué ofensas basadas en la etnia o el grupo social del ofendido. ¿Supone esto un mensocabo de la libertad de expresión? Sólo para los que consideren que la libertad de expresión es buena en sí misma y no por el fin que persigue. Las ofensas sólo están justificadas si sirven para algo más que ofender. Lo cual se puede decir de las famosas caricaturas de Mahoma que iban destinadas y sirvieron efectivamente para suscitar un debate sobre la propia libertad de expresión y los sentimientos religiosos ofendidos. Sólo por eso, la OIC ya debería estar agradecida.

martes, 16 de septiembre de 2008

Amy Gutman, La identidad en democracia

La editorial Katz publica otro buen libro sobre el asunto de la identidad.

En la página 217 leemos lo siguiente:

"Las democracias deberían tratar a la conciencia de las personas (ya sea religiosa o secular) como merecedora de respeto, cuando ese respeto es compatible con la protección de los derechos fundamentales de los individuos".

Puede parecer una obviedad, pero no lo es, porque equipara la conciencia religiosa y la secular eliminando de este modo los privilegios exclusivos de lo religioso. Las dificultades aparecen, sin embargo, cuando unas conciencias, las religiosas sobre todo, están respaldadas por "grupos identitarios religiosos" que, como es el caso con las religiones organizadas, tienen una capacidad de interlocución mayor y a un nivel distinto que las conciencias seculares, que, por su parte, no pueden participar en el debate democrático más que siguiendo los canales abiertos para el común de los mortales.

Otra cita:

(228) "Los gobiernos democráticos deben descartar la fe como fundamento suficiente para crear leyes mutuamente vinculantes, pero la fe puede servir como complemento a razones buenas para las leyes y las políticas públicas."

Esto podría significar que cuando Sarkozy dice que la religión es importante y tiene que participar en el diálogo democrático, lo que debería querer decir es que, cuando se dispone de "razones buenas" para apoyar determinadas leyes públicas, las religiones deberían convencer a sus fieles de que deben aceptar esas leyes, y para hacerlo deberían ser capaces de formular esas razones buenas en términos religiosos que sus fieles entiendan. Lo cual significa que la religión sería, bien utilizada, una fuente de fidelidad cívica.

Sarkozy y Ratzinger

El exdirector de Le Monde presenta sin dramatismos las líneas maestras de los discursos que Sarkozy y Ratzinger se intercambiaron en el Elíseo:

“Todo un sector de la opinión pública, soliviantada por las declaraciones del presidente francés sobre el papel de la religión en la vida pública, esperaba al Papa -por así decirlo- "bastones en alto". Él mismo desactivó esta nueva polémica pidiendo simplemente para "el César lo que es del César", y se mantuvo a buena distancia de las disputas galas, insistiendo en cambio en el escándalo de la pobreza y elogiando la laicidad a la francesa.
En comparación, fue Nicolas Sarkozy quien se mostró más papista que el Papa al proclamar que sería una "locura", un "atentado contra la razón", privar a nuestras democracias del apoyo de las religiones. Sarkozy habló además de la "búsqueda de sentido", y de esperanza, con un vocabulario que habría cabido esperar del discurso del propio pontífice. Ni que decir tiene que la izquierda ha denunciado inmediatamente el cuestionamiento de otro dogma -laico esta vez-, acusando al presidente de socavar la "sacrosanta" laicidad.
En realidad es mucho ruido para pocas nueces. En el fondo, Nicolas Sarkozy habla de una "laicidad positiva" y aboga por el diálogo entre el Estado y la Iglesia en un país en el que ese diálogo existe y se desarrolla en condiciones globalmente serenas. Como siempre, Nicolas Sarkozy carga las tintas y crea expectación en torno a una idea que no cambia gran cosa, pero que él presenta como un concepto que lo cambia todo. Por supuesto, se trata de un guiño al electorado clásico de la derecha. Pero sobre todo expresa la voluntad -compartida en este caso- de abrir un espacio para un Islam de Francia -y de organizarlo-, que es la verdadera cuestión subyacente y no explícita. Ésta es la verdadera razón del intento -infructuoso- de reabrir en Francia un debate sobre la laicidad.”

De modo que, según Colombani, la laicidad positiva no está pensada para ahondar en las relaciones ya existentes entre la iglesia católica y el Estado (piénsese que la separación Estado-iglesia decretada por la ley de 1905 se ha ido adecuando a las situaciones concretas de modo que al fin lo que separa a ambas instancias no es un muro, como demandaba Thomas Jefferson sino un seto poroso), sino para incluir a los musulmanes en el diálogo para evitar lo que los agoreros y los pirómanos llaman “derivas multiculturales”, “sociedades paralelas” o guetos integristas”.