martes, 13 de enero de 2009

Demasiada propaganda

Breve reportaje sobre el autobús con propaganda atea:

Salen los reporteros a las Ramblas y entrevistan a diversas personas, y todas muestran su disconformidad con el mensaje y la propaganda. Cabe pensar que como cata sociológica, no resulta muy científica, pero tiene valor documental.

Aquí transcribo lo que dicen:

- Bueno, cada cual tiene su opinión, ¿no?
- Desde luego, está muy mal hecho. Cada uno puede pensar como quiera, pero no con esa exageración y ese fanatismo.
- Eso no tendría que ponerlo, porque yo creo que hay algo.
- No lo he visto y cuando lo vea volveré la cabeza para no verlo.
- Eso es absurdo. Es absurdo que escriban esas cosas.
- Las montañas, ¿quién las hizo? Un ser superior al hombre. El hombre es un destructor, no es un constructor.

En el reportaje se dice también que el bus salió más tarde de lo previsto, porque el conductor que le correspondía se negó a conducirlo. Un caso de objeción de conciencia que sería interesante ver en los tribunales, pero que, afortunadamente y como suele suceder con la mayoría de pequeñas desavenencias provocadas por sentimientos religiosos ofendidos en el lugar de trabajo, se debe de haber resuelto modificando un plan de ruta y sin acudir a otras instancias.

El portavoz de la asociación (Asociación de ateos y librepensadores) que ha financiado la propaganda, dice:
- Difrutemos de la vida, porque además, para nosotros, no hay otra cosa.

Y, para acabar, Miró i Ardèvol también toma la palabra:
-Dios es una fuente de felicidad, cuando estás abandonado siempre puedes contar con Él.

Los periodistas le han hecho un buen favor a los ateos que, sin duda, han conseguido mucha mayor difusión gracias a ellos que a la campaña del autobús. En realidad, cabe pensar que todo el asunto ha sido inflado por la maquinaria periodística que está buscando hombres que muerdan a perros ahí donde no hay ni hombres ni perros. Tal vez existan desacuerdos entre las personas sobre estos asuntos, pero no se puede hablar de conflicto, pues la mayoría se resuelven con adaptaciones laborales o acomodaciones recíprocas que no trascienden a los afectados.

Pero, ya puestos, uno se puede preguntar si los autobuses que, digo yo, son de propiedad estatal, pueden o no exhibir propaganda religiosa. El mandato de aconfesionalidad del Estado tal vez debería mantenerlo al margen del mercado de las religiones, garantizando exclusivamente que los contratos religiosos se cumplan y que todo el que entre en una asociación religiosa conserve el derecho a salir de ella. Sea cual sea la alternativa, se pone de manifiesto que, como decía hace dos días, el muro de separación entre iglesias y Estado es poroso: si se permite que se exhiba propaganda religiosa (o antirreligiosa, que es lo mismo) se da una forma de laicidad positiva pero se respeta la lógica del mercado de las religiones, pues se las trata como cualquier otro producto de mercado. En cambio, si se prohíbe la exhibición de propaganda religiosa en los medios de transporte de propiedad pública, se da un trato discriminatorio a las religiones y, además, se contradice el mandato de neutralidad laica, pues el Estado debe reconocer qué es religioso y qué no lo es cuando se trata de permitir o no la propaganda.

Está claro que la solución más sensata es permitir que cada cual haga propaganda de las idioteces que le parezcan más interesantes, y que sean los consumidores de creencias los que elijan qué espiritualidad más les conviene para hacer frente, por ejemplo, a la crisis de los cuarenta.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Creo que el problema es que no estamos, como parece creer la mayoría de la gente, en una sociedad laica, sino que hemos elevado a algunos valores a divinidad.
El mercado, por ejemplo, el dinero, siempre más abstracto como concepto (se vean las crisis causadas por esta abstacción)...
Nietzsche decía bien: los que pensan haber matado a la religión, los científicos, en realidad la han hecha evolver. Porqué, al final, ellos también búscan la Verdad objetiva...

Yo creo que el Estado no pueda enseñar el "contenido", la doctrina de una religión o de un ateismo, pero creo que el deber del Estado es de dotar a los ciudadanos de una libertad de elección más amplia posible.
Así que yo no haría clases de religión o de demostración lógica de la no-existencia de Dios, sino clases de "psicología" donde se explica a cuales problemas y angústias responde la religión... Creo que después de Feuerbach sea tan simple como obvio hacer así...

Al final yo no estoy en contra de la ilusión, porque es la única cosa que queda al hombre. Estoy en contra, pero, de las ilusiones faciles y tontas, que intentan imponerse con la fuerza.
Así que me parece bien un cristianismo como lo de Gianni Vattimo, que dice que Dios es simplemente una invención humana que nace después de la humanización del hombre y no tanto el creador físico-spiritual del mundo.


Una vez, si quieres, se podría discutir sobre estos temas, que a mi también gustan muchissimo.

Saludos
Mosè Cometta