jueves, 15 de enero de 2009

Dígame: ¿viviré eternamente?

El Pew Forum ofrece periódicamente los resultados de los más variopintos estudios sociológicos sobre religión en los EEUU. Uno reciente destaca que "most Americans who are affiliated with a religion continue to adopt a non-exclusivist approach to faith", es decir, que la mayor parte de los creyentes creen que su religión no es la única que conduce a la salvación.


Los creyentes en su mayoría se han vuelto razonables, es decir, reconocen que conviven con otras personas que no son completamente despreciables, que sostienen creencias que también pueden conducirles a la salvación. La verdad (pues sólo la verdad puede salvarnos) no es monopolio de nadie en concreto, sino que se encarna en diversas formas. Algunas religiones llegan incluso a atribuir a la providencia divina que existan diversas formas de expresión religiosa para atender las necesidades espirituales diversas presentes en una sociedad caracterizada por el pluralismo.

Desde un punto de vista exclusivamente científico la pregunta que se propone a los ciudadanos es absurda, pero la democracia tiene estas cosas, a saber, que los ciudadanos son soberanos, de ahí que se importante saber en qué consisten sus (absurdas o no) creencias. Sea como sea, tan absurdas no son, pues tal y como demuestra el estudio, casi todas las confesiones han abandonado (si es que alguna vez la tuvieron) la pretensión de imperar a costa de los otros. Coexistencia pacífica, tolerancia, renuncia a la exclusividad.

La lástima es que, como se ve en el siguiente gráfico (en su parte inferior), los creyentes (con excepción de los católicos blancos no latinos, sic) no creen que los ateos se vayan a salvar, lo cual explica su insistencia en convertirlos y en hacer de ellos hombres de una pieza, hombres que vivirán eternamente. Pobres ateos, piensan, no se salvarán. A lo que los ateos contestan con una sonrisa, pues justamente eso, salvarse, es lo que ellos creen hacer cuando deciden renunciar a la salvación eterna. Pero, bien mirado, no se entienden que los creyentes no sean más compasivos con los ateos, que no son más que ejemplos vivos de la pobreza de espíritu que, como es sabido, es el salvoconducto directo para la salvación.

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