lunes, 12 de enero de 2009

"Manifiesto por la laicidad": el improbable muro de separación

No ha tenido mucho eco este manifiesto de Redes Cristianas, un colectivo formado por "147 grupos, comunidades y movimientos católicos de base del Estado español".

Se pueden destacar dos fragmentos.

El incial:

"Redes Cristianas, desde su doble pertenencia a la comunidad cristianocatólica y a la sociedad civil, apuesta decididamente por la independencia, respeto y colaboración entre estos dos ámbitos y aboga por un Estado laico que supere el actual confesionalismo encubierto y por una Iglesia inspirada sólo por el Evangelio y no sometida a ningún tutelaje del Estado."

"Independencia", "respeto" y "colaboración" deben regir las relaciones entre la comunidad cristianocatólica y la sociedad civil. Propone que el ámbito de actuación de la religión, o sea, el ámbito de influencia de las iglesias quede confinado a la sociedad y no escale un peldaño más hacia la política. La sociedad civil puede ser entendida como el espacio deliberativo en el que los discursos son sometidos a diversos filtrados hasta poder ser considerados buenos candidatos para actuar como justificaciones de las leyes que escribe el legislador. Lo religioso no puede actuar como justificación, de modo que las iglesias no serán políticas en la sociedad, deben ser, antes bien, evangélicas, amorosas, solidarias y atentas a los destinos de los pobres.

La laicidad que afirman es la de Jefferson, la del "wall of separation between church and state", que no permita ni el confesionalismo de Estado ni el control estatal de las confesiones. Este segundo extremo, "proteger a la religión de la política" es el que menos énfasis encuentra en el manifiesto, basta leer su exigencia de que "el funcionamiento democrático interno, la participación de las bases y la transparencia sean criterios a tener en cuenta por parte del Estado a la hora de establecer marcos de colaboración con las entidades sociales." Exigencia que tal vez sea razonable, pero que en cualquiera de los casos supone un control estatal de las religiones, un filtro, o mejor, un boquete en el muro entre religión y Estado que, como toda persona bien informada sabe, no puede ser impermeable. (Está claro que el otro par, a saber, "proteger a la política de la religión" está bien subrayado por el manifiesto, que señala los privilegios infundados de la iglesia católica como error a corregir. Algo en lo que están de acuerdo muchos cristianos y que demuestra el poder de su ideal, que los empuja a amar aquello que puede ser fuente de su destrucción apoyándose en el mensaje evangélico y su mandato de caridad.)

Las leyes deben ser laicas y lo religioso no tiene ahí lugar. Como dice el otro fragmento:

"Abogamos por mantener la autonomía de la ética en una sociedad laica en todos los ámbitos propios de una sociedad secular (en el tejido social, político, productivo, cultural, científico…), sin necesidad de acudir a motivaciones religiosas para legitimarla. Y, en consecuencia, denunciamos las presiones de la jerarquía católica para imponer su moral sobre la ética pública."

"Autonomía de la ética". Sorprendente expresión que en la frase se contrapone a las "motivaciones religiosas", de lo que cabe concluir que la ética se independiza de lo religioso. Una ética sin fundamentos religiosos es ciertamente posible, pero vamos muy descaminados si queremos decir con ello que el sermón de la montaña no está tan bien ni es tan importante. No sólo hay una raíz religiosa en gran parte de nuestras intuiciones morales básicas (extremo que supongo que no necesita ulteriores justificaciones), sino que también hay que pensar en las cargas extra de tolerancia que deberán soportar los que vean sus vidas en términos tan usuales y extendidos como los de millones de cristianos en el mundo. Tal vez eso sea lo más justo, pero una laicidad entendida en términos tan poco moderados es siempre una laicidad de control estatal de las religiones, lo cual, tal y como está el panorama, sólo puede ser programa político para los resentidos y los turistas del ideal.

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